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Peter Weir - 1998 - 'El Show de Truman'Un atractivo guión de Andrew Niccol (además, director de “Gattaca” en 1997, o “S1mone” en 2002), el excelente trabajo de puesta en escena de un gran director como es Peter Weir (que ya había dirigido obras maestras como “Picnic en Hanging Rock”, 1975 o “El año que vivimos peligrosamente”, 1982) y el concienzudo y contenido trabajo de Jim Carrey, en su primer papel serio desde que saltase a la fama con “La máscara” (Chuck Russell, 1994), hicieron de esta dramática sátira social un auténtico icono cinematográfico de finales de los 90. Una oda al voyerismo que se mueve entre la ciencia-ficción y el relato costumbrista (un costumbrismo irreal, eso sí) de ‘superación y ruptura de cadenas’ con una implacable mala uva; y que crea un universo alternativo repleto de detalles, una mitología tan rica en simbologías como abierta a diversas interpretaciones y posibilidades.

‘El Show de Truman’ es un reality protagonizado por Truman Burbank (Jim Carrey), un hombre que desde que nació vive en un enorme estudio de televisión que simula un pueblo sin saber que millones de espectadores lo ven a diario. Christof (Ed Harris) es el director del programa y desde su observatorio controla la vida de Truman y a los actores que interpretan a sus familiares, amigos y vecinos.

Aunque los exquisitos del cine la denostaran por estar protagonizada por Jim Carrey (en una de sus mejores interpretaciones) y convertirse en un éxito de público, lo cierto es que “El Show de Truman” es una de las grandes películas de los 90, conceptualmente compleja, socialmente relevante, crítica, transgresora y, por si fuera poco, altamente entretenida. Cargada de referencias religiosas (Christof es el director del programa) y sociales (el lema de la ciudad es ‘Omnis pro uno’, todos para uno’), “El show de Truman” parte de una de las premisas más estimulantes de la historia del cine en un contexto en el que los ‘realities’ dominan el panorama televisivo. Todo un recital de discusiones entre la realidad y la ficción, entre el mundo en el que vivimos y las apariencias que lo hacen vulgar y artificial.

 

– Para los que prefieren ver las grandes películas casi sin darse cuenta.

– Imprescindible para perder prejuicios hacia el ‘mainstream’.

 

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