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Charles Vidor - 1946 - 'Gilda'Drama vestido de cine negro con una de las ‘femmes fatale’ más icónicas de la historia del séptimo arte (‘No ha habido nunca una mujer como Gilda’ rezaban la frase promocional) y un argumento de romance oscuro algo típico que el profesional Charles Vidor (“Las modelos”, 1944, “Quiéreme o déjame”, 1955, o “La máscara del dolor”, 1957) y un equipo técnico y artístico de primera convirtieron en un clásico incuestionable. Cargado de secuencias míticas (¿quién no recuerda ese contoneo de Rita Hayworth mientras canta en playback ‘Put the blame on mame’ quitándose un guante que tanta tinta hizo correr?; o el rabioso bofetón que Glenn Ford propina a la Hayword), este thriller melodramático de clásico triángulo amoroso es todo un símbolo sexual de la generación de los 40 (en España no se pudo estrenar hasta 1948), equiparable a “Emmanuelle” (Just Jaeckin, 1974) en los 70 o “Instinto Básico” (Paul Verhoeven, 1992) en los 90.

El cínico y despegado Johnny Farrell (un duro Glenn Ford) consigue trabajo en Buenos Aires como matón del dueño de un casino. Pero cuando este le presenta a su nueva mujer (Rita Hayworth) un montón de recuerdos volverán al presente.

La censura de la época obligó a Vidor y a su mediocre guionista (de hecho el guión se fue construyendo durante el rodaje) a llenar el film de simbolismos, relaciones implícitas y dobles sentidos; desplegando todo el erotismo en los sensuales números musicales y en las hipnóticas curvas de su protagonista. Pero “Gilda” era algo más que un lúbrico y lujurioso ejercicio de cine negro, era una oda a las ‘femme fatale’ (con su nombre en el título) en un año en que Lauren Bacall o Lana Turner interpretaron algunas de las más memorables; un ejercicio de cine clásico envuelto en la exquisita fotografía de Rudolph Maté (director de films de culto como “Con las horas contadas”, 1950, o “Cuando los mundos chocan”, 1951) y en una idealizada y encantadoramente improbable escenografía. Como “Casablanca” (Michael Curtiz, 1943), esta historia de amor, ludopatía, infidelidades y gangsters tal vez no sea perfecta en sus formas, pero su repercusión da fe de su calidad.

 

– Para cualquiera que disfrute con el cine clásico de calidad.

– Imprescindible para los coleccionistas de mitos cinematográficos.

 

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