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Quentin Tarantino - 2003 - 'Kill Bill. Volume 2'La segunda parte del díptico sobre la venganza (“Kill Bill, Vol. 1” se estrenó en 2003) que resucitó la carrera de Quentin Tarantino (habían pasado 6 años desde “Jackie Brown”) añadía a su jugoso homenaje al cine de artes marciales un tono de ‘spaghetti western’ a base de encuadres inspirados en Sergio Leone o su banda sonora (con varias piezas de Ennio Morricone). El director de “Pulp Fiction” (1994) volvía a confeccionar un fascinante collage posmoderno en el que cientos de referencias cinéfilas (y televisivas) conforman un conjunto tan sólido como atractivo. Impresionantes escenas de acción (sin llegar al nivel del genial clímax final de la primera entrega), verborréicos diálogos impregnados de cultura popular marca de la casa (inolvidable el monólogo sobre Superman en boca del esquivo Bill), irresistibles toques de comedia, drama o suspense (como la claustrofóbica escena del ataúd) y por supuesto una realización perfeccionista que no deja nada al azar.

Beatrix Kiddo (Uma Thurman), ha abandonado el escuadrón de Serpientes Asesinas: un grupo de asesinas profesionales comandadas por Bill (David Carradine), del cual Beatrix está embarazada. Se dispone a casarse en una pequeña capilla del desierto cuando aparecen sus antiguas compañeras y asesinan a todos los presentes.

Tarantino y Thurman consiguieron convertir a su vengadora protagonista, que viste como el Bruce Lee de “Juego con la muerte” (Robert Clouse, 1978) y se mira en la Jeanne Moreau de “La novia vestía de negro” (François Truffaut, 1968), en un icono reconocible del cine moderno. Los detalles del argumento, las líneas de diálogo, los movimientos de cámara y hasta la iluminación, todo tiene su razón de ser como guiño cinéfilo; pero no solo del cine de los 60 y 70 vive Tarantino y así encontramos desde el fordiano quicio de la puerta a referencias a Cary Grant, Humphrey Bogart o ese primer plano de Unma Thurman que remite a la Greta Garbo de “La reina Cristina de Suecia” (Rouben Mamoulian, 1933). Tal vez pueda defraudar a los fanáticos del festival de cerceraciones de su precedente, pero no a amantes del recargado universo cinematográfico de Tarantino.

 

– Para amantes del cine de vengazas implacables.

– Imprescindible para buscadores de referencias y homenajes (aquí tienen un trabajo casi inabarcable).

 

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