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Ronald Neame - 1972 - 'La aventura del Poseidón'Aunque el cine de catástrofes ya había asomado un tanto tímidamente en décadas anteriores, fue en los 70 (con la llegada de superproducciones como “Aeropuerto”, 1970, de George Seaton, “Terremoto”, 1974, de Mark Robson, o “El coloso en llamas”, 1974, de John Guillermin) cuando Hollywood se rindió a este subgénero y estableció unas bases que aún perduran hoy día. “La aventura del Poseidón” es uno de los ejemplos más paradigmáticos y populares de esta fiebre setentera por el desastre: un ameno recital de acción y aventuras aderezado con momentos dramáticos y situaciones trágicas; con un gran trabajo técnico y visual; un reparto coral sustentado en estrellas de primera (Gene Hackman, Ernest Borgnine, Roddy McDowell o Shelley Winters); y la esmerada y sabia producción del rey de las películas de catástrofes, Irwin Allen, que acertó fichando al veterano realizador Ronald Neame (“Un genio anda suelto”, 1958, o “Whisky y gloria”, 1960), que imprimió el dramatismo y la ironía necesaria.

El viejo transatlántico SS Poseidón viaja desde Nueva York a Atenas en un recorrido honorífico para ser desmontado después. Pero durante la cena de nochevieja, una ola gigantesca vuelca el barco cobrándose innumerables víctimas. Con nave bocabajo, los supervivientes intentarán buscar una manera de escapar por algún sitio.

“La aventura del Poseidón” es puro cine de evasión, adornado por historias y relaciones humanas (tan tópicas como variadas) que intentan abarcar la empatía de la mayor cantidad de espectadores posibles; y por situaciones amenazantes y emocionantes que tienen en los estupendos efectos especiales (que lograron un Oscar extraordinario) y en las buenas interpretaciones su motor. Pero lo que vertebra el film es esa angustiosa huida a ritmo de la tenebrosa partitura de John Williams (aunque los que se llevaron el Oscar a casa fueron Al Kasha y Joel Hirschhorn, por la canción ‘The morning after’), el movimiento constante, la supervivencia y el miedo; elementos en los que todos nos podemos mirar y que, por si fuera poco, tienen el suficiente interés para mantenerte pegado a la pantalla.

 

– Para amantes de las superproducciones pirotécnicas de los 70.

– Imprescindible para estudiosos del cine de catástrofes.

 

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