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Alfred Hitchcock - 1948 - 'La Soga'Cumbre de experimentación narrativa, visual y formal de la filmografía del maestro del suspense Alfred Hitchcock. “La Soga” es una maquiavélica virguería teatral, inspirada en un asesinato real, rodada en tres ‘supuestos’ planos secuencia (Hitchcock quería rodarla en un solo plano secuencia, pero por limitaciones técnicas tuvo que hacerlo en ocho rollos independientes disimulando los cambios de rollo) y con la que el director inglés volvía a demostrar (tras otros arriesgados ejercicios de estilo como “Náufragos”, 1944) que no necesitaba mucho para crear una atmósfera inquietante e intrigante. Con unos movimientos de cámara cargados de intención, algunas secuencias escalofriantemente sutiles, un magnífico trabajo interpretativo y un ritmo ininterrumpido que se va intensificando a la vez que el ambiente se caldea, “La soga” despliega sus excelentes diálogos en torno al crimen, al bien y el mal, con un malintencionado sentido del humor que convierte su dircurso moral en un estimulante duelo de egos.

El film nos muestra una velada en torno a una cena que han organizado dos estudiantes universitarios: Brandon (John Dall) y Phillip (Farley Granger). Atraídos por las teorías de uno de sus profesores (James Stewart), que también acude a la cena, sobre el crímen perfecto, los jóvenes asesinan a un compañero y lo ocultan en su apartamento, muy cerca de sus invitados, los cuales son familia y amigos de la víctima.

“La Soga” fue una película muy controvertida en el momento de su estreno, no por lo escabroso de su argumento, sino por la implícita condición homosexual de la pareja de jóvenes estudiantes (que viven en un piso con un solo dormitorio); detalle que no hace más que añadir profundidad a este ‘tour de force’ técnico y artístico; a esta reflexión sesgada y simplista acerca de las teorías del ‘ultrahombre’ niezscheano. Una de las obras maestras más complejas de un director con al menos una veintena de clásicos y al que se ha acusado muchas veces de ser demasiado superficial y dedicarse demasiado a la vertiente más lúdica de la creación cinematográfica.

 

– Para rastreadores de vanguardias y la experimentación en el cine de Hollywood.

– Imprescindible para filósofos del crimen y supervillanos autocríticos.

 

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