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Sam Raimi - 1995 - 'Rápida y mortal'Finiquitada su ‘trilogía infernal’ (“Posesión infernal”, 1981, “Terroríficamente muertos”, 1987, y “El ejército de las tinieblas”, 1992), todo el mundo tenía puesta su mirada en Sam Raimi, esperando otro festín de aventuras imposibles y gore humorístico. Pero el director de “Darkman” (1990) se desmarcó del cine fantástico y de terror con este western moderno en el que, no obstante, volvía a mirarse en los cartoons Warner y en ese espíritu de cómic pulp que tanto le gustaba. Raimi se muestra interesado por el cine del oeste más atípico, aplicando su desmelenado estilo cargado de humor negro a un pastiche que homenajea el western psicológico, el spaghetti western o las tendencias más crudas del género en los años 70. El resultado no gustó mucho al público, pero con el tiempo se ha convertido en una de esas joyas de culto que, no solo entretienen, sino que cuentan con excentricidades suficientes (desde sus bizarros personajes que juegan con los tópicos del género a sus ingeniosos duelos a muerte) como para que nunca la olvidemos.

A finales del siglo XIX, en el salvaje oeste, una misteriosa pistolera (Sharon Stone) llega a un pequeño pueblo llamado Redemption para participar en una competición a muerte con la que se decidirá quien es el más rápido de la zona (el título original es “El rápido y el muerto”), pero parece que sus intenciones no se quedan ahí.

Un reparto sencillamente irrepetible en el que casi todas las caras son conocidas (Gene Hackman, Russell Crowe, Leonardo DiCaprio, Gary Sinise, Lance Henriksen o el mismísimo Woody Stroode); la fotógrafía de Dante Spinotti que convierte el pueblo de Redemption en un lugar terrorífico, de proporciones bíblicas (hay diversas referencias a la Biblia en el guión de Simon Moore); la referencial banda sonora de Alan Silvestri; su desenfrenado estilo visual, apoyado en unos apartados técnicos y artísticos que denotaban el aumento de presupuesto a manos de Raimi (lo que posiblemente fue lo que hizo de “Rápida y mortal” un film parcialmente fallido); son suficientes razones para acercarse a este producto méramente lúdico, cargado de ideas visuales y clichés entrañables.

 

– Para amantes del cine del oeste posmoderno.

– Imprescindible para interesados en la filmografía del director de “Spider-Man” (2002).

 

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