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+ Las mejores películas alemanas de la historia (2.0) (25)El enorme éxito y la conmoción causada por el escabroso libro de no ficción de los periodistas Kai Hermann y Horst Hieck (“Yo, Christiane F. Hijos de la droga”), que nos cuenta la historia de la heroinómana de 13 años Christiane F., hizo inevitable una versión cinematográfica solo dos años después de la publicación de este. “Yo, Cristina F” podía haberse convertido en un relato sensacionalista y morboso sobre la juventud drogadicta de finales de los 70, pero en manos de un comprometido y atrevido Uli Edel (“Última salida Brooklyn”, 1989, “El cuerpo del delito”, 1992, o “RAF, Facción del ejército rojo”, 2008) y gracias a la inolvidable y dulce cara de la debutante de 15 años Natja Brunckhorst se convirtió rápidamente en un imprescindible film de culto, en una suerte de reportaje periodístico que funciona como llamada de atención hacia la necesidad de cuidar a nuestros menores; pero también como un dramático y angustioso relato de ‘descenso a los infiernos’ que se pasea por los lugares más oscuros de la sociedad berlinesa.

La joven Christiane Felscherinow (Natja Brunckhorst) vive con su madre y su hermana menor en un pequeño apartamento de un barrio períférico del Berlín Occidental. Christiane conoce a Detlev (Thomas Haustein), un chico algo mayor que ella que la inicia en el consumo de drogas. Un día, en un concierto de David Bowie (que se interpreta a si mismo), Christiane esnifa por primera vez heroína, esto terminará de cambiar su vida.

Además de retratar de manera valiente un duro periodo de la historia moderna de Europa (la plaga de la heroína que acabó con millones de jóvenes durante más de una década), “Yo, Cristina F” describe realista y detalladamente el proceso de adicción, desde los primeros flirteos hasta la decadencia física y moral. Pero su condición de instrumento de concienciación social, debido a la popularidad del film (y del libro), revertió en un auge de la heroína por toda Europa, alcanzando cotas impensables de adictos (a lo que se añadió el peligro del SIDA durante los 80). Las desencantadas canciones de David Bowie son un aderezo perfecto para esta irregular pero efectiva historia de jóvenes yonkis.

 

– Para interesados en la historia moderna de las drogas y los relatos sociales.

– Imprescindible para los que se toman en serie el subgénero de ‘jóvenes y drogas’.

 

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