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Michael Curtiz - 1938 - 'Ángeles con caras sucias'Hubo un tiempo en que los grandes directores se forjaban a base de trabajar casi compulsivamente. Michael Curtiz (“El capitán Blood”, 1935, “Robin de los bosques”, 1938, o “Casablanca”, 1942) es uno de los ejemplos más dignos (y olvidados) de estos profesionales encumbrados por los grandes estudios que supieron mantener su propia identidad. Tras más de 60 films rodados en Alemania y su Hungría natal, Curtiz aterrizó en Hollywood para trabajar como realizador a sueldo en la Warner Bros.desde 1926. “Ángeles con caras sucias” es una de sus obras maestras, una de las grandes muestras de cine negro en la época dorada del género, con sus vidas truncadas, trágicos destinos, redenciones dolorosas, botines peligrosos y traiciones viscerales; un drama criminal sustentado por un dilema moral que además es un retrato impecable de los barrios marginales y un recital interpretativo del a menudo menospreciado James Cagney (y que lograría el OScar por otra colaboración con Curtiz: “Yanqui Dandy”, 1942).

El film presenta la historia de dos amigos de la infancia que toman caminos distintos: Rocky (un impagable James Cagney) comienza a entrar y salir de la cárcel y acaba convirtiéndose en un gangster al que admiran los niños del barrio; mientras que Jerry (Pat O’Brien) se hace cura y pretende que esos niños no sigan el camino de Rocky.

La espiral de autodestrucción de Rocky se intensifica cuando intenta recuperar el botín de un atraco que tiene su ex-socio (Humphrey Bogart). La sabiduría de Michael Curtiz con la puesta en escena es el instrumento perfecto con el que combinar su fotografía expresionista, la soberbia partitura de Max Steiner y un argumento complejo psicológicamente y relevante socialmente (el destino de esos niños delincuentes que poblaban las calles en la época de la Gran Depresión). “Ángeles con caras sucias”, a demás de ser una sobresaliente muestra de cine de género, propone una reflexión acerca del futuro de la juventud, airada y desencantada; un tema que reaparece en cada generación con distintas formas y que aquí venía narrado según los códigos del cine negro.

 

– Para cualquiera que eche de menos el cine negro clásico.

– Imprescindible para poder ver a Bogart y Cagney en un mismo plano.

 

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