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John Carpenter - 1976 - 'Asalto a la comisaría del Distrito 13'Tras unos 50 y 60 en los que en la serie B reinaban grandes gurús como William Castle y Roger Corman, John Capenter (“La noche de Halloween”, 1978, “La cosa”, 1982, o “Están vivos”, 1988) revolucionó los 70 con un cine independiente de género en el que la inspiración clásica se mezclaba con las constantes del nuevo cine de terror. Así, después de sorprender con su opera prima (“Estrella Oscura”, 1974) por su mezcla de humor y ciencia-ficción, Carpenter se sumergió en su particular versión de “Río Bravo” (Howard Hawks, 1959). A pesar de su ínfimo presupuesto (unos 150.000 dólares), esta joya claustrofóbica del horror urbano contaba con una efectiva banda sonora (compuesta por el propio Carpenter), unos diálogos lapidarios e ingeniosos, además de la maestría de Carpenter para la creación de atmósferas y tensión a partir de géneros como el thriller, la acción o el cine de terror; reivindicando la imaginación, la astucia y la inteligencia como motores del cine.

La premisa del film es muy sencilla: un heterogéneo grupo compuesto por policías, delincuentes y civiles deberán unir fuerzas para resistir el asedio que unos fantasmagóricos pandilleros en busca de venganza (lo mismo podrían ser zombies, alienígenas o vampiros) ejercen sobre una casi abandonada comisaría de un suburbio de Los Angeles.

Pero más allá de su condición de remake bastardo de “Río Bravo”, “Asalto a la comisaría del distrito 13” es un sólido compendio de las influencias cinematográficas de John Carpenter (de Sergio Leone a George A. Romero, de Alfred Hitchcock a Sam Peckinpah); un relato clásico, fácilmente extrapolable a cualquier tiempo y espacio (a lo que ayuda su austeridad estética), que aunque solo en Europa fue bien acogido en el momento de su estreno, con el tiempo se ha convertido en una de las obras más apreciadas de su director: por su complejidad temática, su sobrealiente uso de diferentes recursos cinematográficos y por una serie de situaciones y personajes tan prototípicos como carismáticos (como ese cínico y burlesco condenado a muerte con el pomposo nombre de Napoleon Wilson).

 

– Para cualquiera que tenga menos de medio hora libre y pocos prejuicios hacia el cine barato.

– Imprescindible para los rastreadores de la influencia del western en el cine de género.

 

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