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Bigas Luna - 1978 - 'Bilbao'A mediados de los 70, Bigas Luna (“Angustia”, 1987, “Jamón, jamón”, 1992, o “La camarera del Titanic”, 1997) era un interiorista al que le picaba el gusanillo del cine, pero no de un cine convencional, sino de una suerte de underground fetichista, experimental y contracultural levantaría ampollas en el cine patrio durante décadas. Tras su debut con “Tatuaje” (1976), basada en la novela de Manuel Vázquez Montalbán, el realizador barcelonés se volcó en este proyecto que dinamita con afán transgresor todos los tabúes sexuales de la aún algo mojigata sociedad posfranquista. Como director y guionista (se inspiró en un cuento corto propio), Bigas Luna reflexiona sobre la obsesión desde un punto de vista enfermizo y oscuro; creando una atmósfera opresiva a base de primeros planos, una austera puesta en escena y cierta aproximación al thriller; que junto a su complejo trasfondo (sexual, político, psicológico, social, …) hicieron que se desmarcara rápidamente de los habituales productos de la ‘época del destape’.

Leo (Ángel Jové) es un hombre introvertido que vive con María (María Martín), una mujer mayor que el con la que mantiene una relación de amor-odio, prestándose a sus perversiones sexuales pero sintiendo una terrible aversión por ella. Leo conocerá a una prostituta llamada Bilbao (Isabel Pisano), obsesionándose por ella hasta extremos psicóticos.

A través de su perturbadora imaginería parasexual y su pesimista visión de la enfermedad mental, Bigas Luna logra un retrato psicológico tan enfermizo como torturado (con esa inspirada voz en off, de Mario Gas, que surge del interior de su cabeza); una oda al fetichismo más demencial, con la forma de una versión bastarda de “El coleccionista” (William Wyler, 1965), que también puede ser vista como una parábola de la sociedad española de finales de los 70 (con esa pasión-morbo sin criterio ni razón, provocada por años de censura, por todo lo que sonase a sexual), con esa decadente clase media alta que veía perder ciertos privilegios; o tal vez sea simplemente la visión que Bigas Luna tenía de las relaciones de pareja.

 

– Para amantes del cine más viciado y perturbador.

– Imprescindible para psicólogos cinéfilos interesados en la obsesión.

 

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