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Martin Ritt - 1965 - 'El espía que surgió del frío'La primera adaptación de una novela del por entonces aún joven escritor John le Carré, no solo sigue siendo la mejor de todas (por encima de apreciables films como “El jardinero fiel”, 2005, de Fernando Meirelles, o “El topo”, 2011, de Tomas Alfredson), sino que se ha convertido en una de las mejores películas de espías de la historia; un magistral muestrario de los tópicos relacionados con el juego del gato y el ratón que la URSS y los EE.UU. mantenían durante la Guerra Fría. Martin Ritt (“El largo y cálido verano”, 1958, “Hud, el más salvaje entre mil”, 1963, o “Norma Rae”, 1979) apostó, como director y productor, por este film independiente, rodado en blanco y negro, que se sumerge con seriedad, sordidez y realismo en una trama que pone en evidencia la ‘verdad absoluta’ que cada uno de los bloques creía ostentar; confeccionando a la vez un retrato psicológico del protagonista tan complejo como carismático.

Alec Leamas (Richard Burton) es un espía británico solitario y atormentado que, intentando evitar pasar el resto de su vida en un puesto de oficina, se embarca en una peligrosa misión que lo llevará a acercarse al centro de inteligencia del bando comunista.

“El espía que surgió del frío” se convirtió en el polo opuesto a las idealizadas y sensuales aventuras de James Bond (que aquel año estrenaba su cuarta entrega: “Operación Trueno” de Terence Young) gracias a su oscura visión del trabajo de espía, su falta de posicionamiento político, la condición de antihéroe del protagonista (alcohólico y desencantado con el sistema para el que trabaja) y su apuesta por el suspense en detrimento de la acción. La estupenda interpretación de Richard Burton (en el meridiano de sus 7 nominaciones sin Oscar) y el buen trabajo técnico y artístico terminan de redondear uno de esos films que nos trasladan a uno de esos territorios reconocibles a los que solo hemos accedido por medio del cine: esa Europa de agentes dobles, intrigas políticas, documentos secretos y oscurantismo informativo que tan buenos momentos ha dado al cine desde entonces.

 

– Para coleccionistas de antihéroes atormentados.

– Imprescindible para interesados en el lado humano del oficio de espía.

 

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