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040 - Nicolas Roeg - 1976 - 'El hombre que cayó a la tierra'Si rastreamos la carrera de Nicolas Roeg (“Performance”, 1970, “Amenaza en la sombra”, 1973, o “La maldición de las brujas”, 1990) como director de fotografía encontramos que trabajó con Roger Corman en “La máscara de la muerte roja” (1964) o con François Truffaut en “Fahrenheit 451” (1966); influencias obvias en una heterogénea filmografía en la que abunda la búsqueda de nuevos caminos formales y temáticos, así como un gusto desatado por el cine de género y la cultura popular. “El hombre que cayó a La Tierra” es un claro ejemplo de esto, un siniestro cuento de ciencia-ficción, repleto de bellas y extrañas imágenes; empapado de pop, rock, jazz y folk (incluso música clásica); y con un argumento extravagantemente lisérgico (basado en la novela de Walter Tevis, autor también de “El buscavidas”), narrado con maneras de arte y ensayo, que profundiza en los valores morales que configuran la condición humana en sociedad.

Thomas Jerome Newton (David Bowie) viaja hasta La Tierra con el fin de conseguir agua para su planeta, Anthea, al borde de la extinción por culpa de la sequía. Newton logra una gran fortuna gracias a sus conocimientos avanzados y se propone fabricar naves capaces de transportar agua a su planeta. Pero su gusto por las costumbres terráqueas puede ser un problema.

Aunque sus excéntricas (pero representativas de la época) elecciones con respecto al estilo pueden hacer de “El hombre que cayó a La Tierra” un película un tanto difícil de seguir y de asimilar; no se le puede negar a Nicolas Roeg su osadía crítica, contracultural, visual y narrativa; colocando un icono del glam rock (cuatro años después de crear a esa estrella del rock interplanetaria llamada Ziggy Stardust) al frente de un film heredero de Andrei Tarkovsky y sus reflexiones filosófico-existencialistas con envoltura de ciencia-ficción, pero también consiguiendo plasmar ese espíritu ‘post-hippie’ desencantado y contestatario que marcó la década de los 70. Lo que logró fue un film hipnótico, ambicioso y experimental que sigue dividiendo a las audiencias, lo que seguro que encantaba a Roeg.

 

– Para interesados en las vanguardias artísticas de los 70.

– Imprescindible para coleccionistas de parábolas de ciencia-ficción.

 

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