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Alexander Mackendrick - 1951 - 'El hombre vestido de blanco'Aunque llevaban ya cerca de dos décadas produciendo películas de diversos géneros, fue tras la II Guerra Mundial, a finales de los 40, cuando los británicos Estudios Ealing forjaron un influyente estilo crítico y burlesco que se convirtió en su seña más reconocible en comedias como “Ocho sentencias de muerte” (Robert Hamer, 1949) o “Pasaporte a Pimlico” (Henry Cornelius, 1949). El director estadounidense, afincado en Londres, Alexander Mackendrick (“Chantaje en Broadway”, 1957, o “Viento en las velas”, 1965) fue uno de los grandes realizadores de la Ealing gracias a obras maestras como “El quinteto de la muerte” (1955) o “El hombre vestido de blanco”, una sátira feroz de la economía de mercado que se servía del humor amargo, la ironía, la ciencia-ficción (en el sentido más estricto del término) y el drama social (tan recurrente en el cine inglés) para contar la tradicional historia del hombre medio contra los poderes establecidos, sin dejar de poner en tela de juicio tanto la actitud de los empresarios como de los trabajadores.

Sid Stratton (Alec Guinness) es un joven químico idealista que está intentado crear un tejido revolucionario que no se desgaste nunca y que repela la suciedad. A pesar del interés inicial de una fábrica textil, pronto comenzará a haber recelos hacia el nuevo invento, ya que, con el tiempo, acabaría con la producción de prendas de vestir.

En una época en la que el nailon parecía haberse convertido en la panacea de las fibras textiles, “El hombre vestido de blanco” profundiza en un tema tan actual como la obsolescencia programada (el hecho de que las empresas hagan sus productos perecederos para poder venderlos varias veces), uno de los pilares del capitalismo; además de arremeter contra la dudosa moral de las clases altas, los sindicatos o la sociedad en general que más que buscar su propio beneficio con innovaciones revolucionarias prefiere que todo se quede como está (‘más vale malo conocido…’ parece pensar), llegando al extremo de convertirse en una turba violenta para lograr que se mantenga el ‘status quo’.

 

– Para amantes de la comedia con trasfondo crítico.

– Imprescindible para interesados en los antecedentes de la comedia británica moderna.

 

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