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131 - Boris Sagal - 1971 - 'El último hombre... vivo'Tal vez impulsado por el éxito de los zombies de “La noche de los muertos vivientes” (George A. Romero, 1968), el productor Walter Seltzer (que repetiría en la ciencia-ficción de éxito con “Soylent Green: Cuando el destino nos alcance”, 1973, de Richard Fleischer) decidió llevar al cine la famosa novela postapocalíptica del guionista y novelista Richard Matheson. El veterano realizador, mayormente televisivo, Peter Sagal (“Alfred Hitchcock presenta”, 1955-62, “Dimensión desconocida”, 1959-64, o “Peter Gunn”, 1958-61) fue el encargado de dirigir esta atractiva mezcla de acción, terror y ciencia-ficción en la se profundiza en uno de los grandes temores de la Guerra Fría: un ataque bacteriológico que acabase con toda la población. Así, además de su llamativo argumento, que provoca secuencias estupendas como el protagonista conduciendo por las calles desiertas de Los Angeles, “El último hombre… vivo” se erige como un entretenido símbolo de los miedos y ansiedades de una época marcada por el desencanto.

Tras una guerra contra el bloque comunista (URSS y China), la población mundial ha sido aniquilada. Tan solo sobreviven Robert Neville (el incombustible Charlton Heston), un científico que consiguió sintetizar una cura a tiempo para salvarse, y un grupo de mutantes que se esconden en el subsuelo e intentan acabar con el laboratorio de Neville por las noches.

El film de Sagal intenta alejarse de las referencias vampíricas de la novela original (presentes en la anterior versión, “The Last Man on Earth”, 1964, de Ubaldo Ragona) convirtiendo a los mutantes en una suerte de secta satánica zombificada (en la versión de 2007, “Soy leyenda”, de Francis Lawrence, eran ya directamente zombies depredadores modernos), algo mucho más terrorífico para la época tras los crímenes de Charles Manson. Así, “El último hombre… vivo” se desmarcaba del cine de terror y ciencia-ficción clásico y se convertía en un producto 100% años 70: con coches a toda velocidad, besos interraciales, diálogos irónicos, armas de fuego y un anacrónico Charlton Heston como macho alfa de la función.

 

– Para amantes de la ciencia-ficción postapocalíptica.

– Imprescindible para seguidores de la obra del incansable Richard Matheson.

 

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