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John Waters - 1988 - 'Hairspray'El irreverente realizador de Baltimore John Waters (“Pink Flamingos”, 1972, “Polyester”, 1981, o “Los asesinatos de mamá”, 1994) logró el taquillazo más sonado de su carrera gracias a esta nostálgica comedia alocada e improbable, repleta de rock & roll, buen rollo, crítica social y una serie de lecciones morales básicas en contra de la intolerancia y la hipocresía de la sociedad tradicional. Y es que aunque Waters baje los niveles de escatología, perversión, amoralidad y melodramatismo afectado, su discurso sigue siendo tan efectivo como divertido; como un soplo de aire fresco que te dice que todo va a salir bien, que los malos acabarán en el lugar donde se merecen y los buenos podrán vivir su vida en paz. Así Waters vuelve a impregnar su obra de esa ingenuidad engañosa y entrañable que lo lleva a profundizar en los más oscuros rincones de la mente humana con la facilidad del que hace comedia ligera sin pretensiones.

En 1963, Tracy Turnbland (Ricki Lake) es una joven obsesionada con ‘El Show de Corny Collins’, el programa de baile más famoso de la televisión de Baltimore. Un día, Tracy y su amiga Penny (Leslie Ann Powers) consiguen aparecer en el programa y Tracy logra quitarle protagonismo a la guapa y malcriada Amber Von Tussle (Collen Fitzpatrick), hasta el punto de que incluso le quita el novio.

Waters se pasea, con la ayuda de muchos de sus intérpretes fetiche, por la fauna urbana de comienzos de los 60 (en su siguente film, “Cry-Baby (El lágrima)”, 1990, lo haría con los 50): desde los cantantes Sony Bono y Deborah Harry haciendo de un despreciable matrimonio adinerado, a gente como Mink Stole o Divine, en su última actuación (con un doble papel, por primera vez con rol masculino). Nos habla de la segregación racial, de rebeldía, de romper las etiquetas impuestas por la sociedad de consumo; pero también de laca, de la juventud como fuente de alegría y superación de prejuicios, de música, de pases de baile y peinados de proporciones épicas. Poco que ver con el exitoso remake de 2007, con John Travolta en el papel que para Waters hizo Divine.

 

– Para amantes del algodón de azucar con pinchos dentro.

– Imprescindible para los que quieran comenzar a conocer a John Waters por su obra más accesible.

 

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