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Benjamin Christensen - 1922 - 'Häxan'Cuando los límites del género documental aún estaban por establecer (ese mismo año Robert Flaherty dirigió el primer largo documental: “Nanook, el esquimal”), el actor y realizador danés Benjamin Christensen (que actuó ni más ni menos que para Carl T. Dreyer en “Mikäel”, 1924) confeccionó un documental fantástico, dividido en cuatro segmentos, sobre la historia de la Brujería y el Satanismo desde la antigua Persia hasta los inicios del siglo XX. Con innumerables recursos y estilos narrativos, el film se convierte en una inquietante sinfonía visual y conceptual que establece juiciosos paralelismos entre el pasado y el presente y echa por tierra supersticiones antiguas sobre las enfermedades mentales. Christensen utiliza los distintos elementos del vestuario, el atrezzo, el maquillaje, un juego de luces expresionista y unos primitivos pero impactantes efectos especiales para dar una fuerza impresionante a la puesta en escena y crear una atmósfera opresiva y diabólica sin escatimar en violencia explícita y perversiones sexuales.

El film parte del “Malleus Maleficarum”, una guía que los inquisidores alemanes utilizaban en la edad media para distinguir la presencia del mal en las personas, y se estructura en cuatro partes: un recorrido por la presencia del diablo en la cultura medieval, una serie de segmentos acerca de las creencias en torno a la brujería, la historia de una mujer que es acusada de brujería y un discurso final en el que propone interpretaciones modernas para la supuesta presencia del mal (sonambulismo, cleptomanía, …).

El siniestro, llamativo e innovador espectáculo cinematográfico que creó Christensen, unido a la profundidad de su discurso y al interés histórico de todo el producto ha hecho de “Häxan. La Brujería a través de los tiempos” una pieza imprescindible del cine, una suerte de ensayo fílmico que hacía preguntas y proponía respuestas, ya no como nadie había hecho hasta entonces, sino como pocas veces se ha hecho después. En 1967 fue reeditada una versión más breve con música de jazz y la voz de William S. Burroughs.

 

– Para los que de vez en cuando quieren ver piezas de un valor que excede el puramente cinematográfico (aunque también).

– Imprescindible para los amantes del cine de posesiones infernales.

 

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