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Richard C. Sarafian - 1971 - 'Punto Límite. Cero'El ya veterano director televisivo y cineasta de culto, especializado en westerns, Richard C. Sarafian, dirigió en 1971 (el mismo año que su recomendable film de aventuras “El hombre de una tierra salvaje”), como colofón vibrante y cínico de los idealistas años 60, esta en apariencia sencilla road movie en la que se exalta la libertad con la forma de un Dodge Challenger blanco del 70 a toda velocidad por las interminables carreteras del sudoeste de los EE.UU. Con un cinéfilo guión del escritor y crítico cinematográfico cubano Guillermo Cabrera Infante (repleto de segundas lecturas y sus característicos  retruécanos y paronomasias) en el que un argumento delirante adquiere una dimensión épica digna de una tragedia clásica, “Punto Límite: Cero” sabe también mantener el suspense y la acción (con unas memorables persecuciones automovilísticas) mientras suena omnipresente una roquera banda sonora (la influencia en “Death Proof”, 2007, de Quentin Tarantino es múltiple) presentado por un locutor que hace las veces de coro griego.

Kowalski (Barry Newman) es un veterano de Vietnam que alquila coches en Denver. Un día apuesta que es capaz de llegar hasta San Francisco, para entregar un coche, en menos de 15 horas. En su trepidante viaje yendrá que vérselas con la policía que intenta impedírselo y por fans que siguen su trayecto a través de la radio.

“Punto Límite: Cero” es más que un ejemplo de esa fiebre por las persecuciones automovilísticas que inundó el cine de los 70 (“Bullitt”, 1968, de Peter Yates, o “Contra el imperio de la droga”, 1971, de William Friedkin); su sugerente combinación de contenido (actitud contracultural-antisocial y mensaje casi existencial) y forma (los mejores conductores especialistas del momento y una adrenalínica puesta en escena que ha influido incalculablemente al cine de acción posterior (y a los videojuegos de carreras, claro), convierte el film de Sarafian en un ‘punto medio’ entre la reflexión filosófico-automovilística de “Carretera asfaltada en dos direcciones” (Monte Hellman, 1971) y la espectacularidad de consumo setentero de “Gone in 60 Seconds” (H.B. Halicki, 1974).

 

– Para amantes de las ‘road movies’ underground.

– Imprescindible para coleccionistas de piedras angulares del cine independiente actual.

 

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