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John Ford - 1941 - '¡Qué verde era mi valle!'Aunque John Ford es sobre todo recordado por sus excelentes westerns (“La diligencia”, 1939, “Centauros del desierto”, 1956, o “El hombre que mató a Liberty Valance”, 1962), que ayudaron a configurar el género durante cinco décadas; pero tras el éxito de “Las uvas de la ira” (1940), el realizador de Maine fue la elección perfecta para sustituir a William Wyler en este melodrama social, proletario y rural, que supuso el tercer Oscar para Ford (el cuarto lo lograría con “El hombre tranquilo”, 1952). Y es que John Ford supo poner su virtuoso oficio, forjado en más de un centenar de películas desde 1917, al servicio de una puesta en escena magistral, repleta de encuadres llenos de intención y poderosos planos; pero también supo imprimir a la historia toda la emoción, el romanticismo y la pasión necesaria, gracias a esos paralelismos con la familia del director (inmigrantes irlandeses), que siempre han estado tan presentes en su cine.

Desde el exilio, Huw Morgan (Roddy McDowall) recuerda su juventud en un pequeño pueblo minero de Gales a finales del siglo XIX. Huw vivía con sus padres (Donald Crisp y Sara Allgood), sus cinco hermanos mayores y su hermana (Maureen O’Hara). Cuando el dueño de la mina decide bajar los sueldos surgirá el conflicto entre los hermanos, partidarios de un sindicato, y el padre, con un pensamiento más tradicional.

John Ford recrea con detalle el funcionamiento de esa casa similar a la de sus antepasados (y a la cualquier granja del oeste americano), pero no desde una perspectiva estrictamente realista sino desde una idealización nostálgica que viene dada a través de los ojos del joven protagonista. Pero “¡Qué verde era mi valle!” no es solo un ejemplar ejercicio de añoranza de tiempos más sencillos, sino que, dentro de su hilo narrativo tienen cabida, con naturalidad y pertinencia, la crítica social y política o el universal enfrentamiento entre la costumbre y el progresismo, entre las viejas y las nuevas ideas; lo que da una complejidad y profundidad mayor, si cabe, al film (aunque John Ford siempre habría negado que su película hablase de esas cosas).

 

– Para darse cuenta de que John Ford era más que un tipo que hacía películas del oeste (aunque el se definiese así).

– Imprescindible para coleccionista de los grandes clásicos del cine anterior a la II Guerra Mundial.

 

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