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Billy Wilder - 1961 - 'Uno, dos, tres'El gran Billy Wilder (“Perdición”, 1944, “El crepúsculo de los dioses”, 1950, o “Con faldas y a lo loco”, 1959) volvía a Berlín (donde trabajó de cronista en su juventud, teniendo que huir con el ascenso del nazismo) y también a meter el dedo en la llaga con una divertidísima comedia (lo que se convertiría en su sello personal). Dejando de lado la amargura de “El Apartamento” (1960), su anterior film, el director austriaco se trasladaba al Berlín Occidental para confeccionar una crítica sardónica y desmelenada tanto del bloque capitalista (con su hipocresía, su arribismo y su desapego de la realidad social) como del comunista (con su estricta e idealista concepción de la sociedad) y hablarnos de la Guerra Fría con su habitual ironía y su agudo sentido del gag intelectual. “Uno, dos, tres” es un trepidante comedia de enredo y un comentario sangrante hacia el ‘bipartidismo político’ todo en uno, marca de la casa Wilder, que toma temas candentes y peliagudos y los convierte en prodigios humorísticos.

C.R. MacNamara (un divertido James Cagney) es el jefe de ventas de Coca-Cola en el Berlín capitalista que sueña con introducir sus refrescos en la URSS. Todo se complica cuando el director de la empresa ordena a MacNamara que cuide de su díscola hija (Pamela Tiffin). Pero la joven escapará al Berlín Oriental, donde conocerá a un comunista de un idealismo exasperante (Horst Buchholz).

Sus divertidos personajes secundarios, sus diálogos punzantes y sus situaciones cada vez más descabelladas impulsan este film con el que Billy Wilder recuperaba, en cierto sentido, el espíritu de “Ninotchka” (Ernst Lubitsch, 1939); clásico inolvidable que el mismo escribió años antes de dirigir su primera película en EE.UU. Wilder utiliza la empresa Coca-Cola como poco sutil trasunto del colonialismo estadounidense (del cual la marca es tanto consecuencia como causa impulsora) y nos muestra a sus némesis socialistas como una suerte de intelectuales en las nubes, empeñados en negar ciertos rasgos de la naturaleza humana para el bien de la comunidad; nada se escapa al sentido del humor de este genio del cine.

 

– Para coleccionistas de las mejores ‘screwball comedies’ de la historia.

– Imprescindible para extremistas políticos con sentido del humor.

 

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