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Alexander Payne - 1999 - 'Election'Años antes del gran éxito de “Entre Copas” (2004), de ponerse al servicio de George Clooney en la apreciable “Los Descendientes” (2011) o de recuperar a un Bruce Dern en plena forma con la agridulce “Nebraska” (2013), Alexander Payne se convirtió en una de las grandes esperanzas del cine independiente americano gracias a esta comedia dramática repleta de virtudes y defectos humanos, de contradicciones morales y miserias cotidianas. Un excelente Matthew Broderick protagoniza este film que funciona como metáfora de la sociedad, de la guerra preventiva, de la pena de muerte, por supuesto de la elección de representantes (inspirada por la campaña Bush vs. Clinton, de 1992) y de muchos otros dilemas del ser humano en sociedad. Aunque intentaron venderla como una comedia de adolescentes (y por ello su fracaso en España), lo cierto es que es más una comedia amarga y satírica sobre la mediana edad, sus crisis y cómo nos agarramos a los valores cuando no tenemos nada más.

Jim McAllister (Matthew Broderick, en un papel concebido como reverso del Ferris Bueller de “Todo en un día”, 1986, de John Hughes) que esconde tras su cara amable y alegre en la escuela un estancamiento existencial que lo tiene frustrado. Jim decide boicotear la candidatura de la estudiante Tracy Flick (Reese Witherspoon), a la cual culpa de las penas de un antiguo profesor que fue expulsado, introduciendo otro candidato que compita con ella.

A pesar de que “Election” es toda una delicia más ligera y menos indigesta que las siguientes películas de Payne, lo cierto es que estamos ante una crítica sangrante de algunos de los pilares morales y políticos sobre los que se sustenta la sociedad; una mirada desoladoramente pesimista a esa clase media que ha perdido la alegría de vivir y solo encuentra sustento en ver como los demás fracasan y se humillan. Además Alexander Payne despliega un amplio abanico de técnicas narrativas modernistas (con distintos puntos de vista, flashbacks o imágenes congeladas) que eleva el interés de su acertada mezcla de humor negro y simbolismos político-sociales.

 

– Para quien esté interesado en los procesos electorales y la corrupción, las mentiras y las verdades que esconden.

– Imprescindible para los que confiaban en que ‘Ferris Bueller’ podía ser un buen actor.

 

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