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Takeshi Kitano - 1997 - 'Hana-bi. Flores de Fuego'El siempre irreverente y atrevido Takeshi Kitano (al que conocimos en España como uno de los ‘presentadores’ de “Humor amarillo”, corta y pega hispano de “Takeshi’s Castle”, 1986-89), maestro japonés de la independencia, lo bizarro, la violencia y la sensibilidad oriental más extravagante cerró su etapa de hermano sucio y dramático de John Woo (en la época de “Violent Cop”, 1989; “Boiling Point”, 1990; o “Sonatine”, 1993, lo llamaban el Clint Eastwood japonés) con esta joya atípica del drama policial en el que la violencia y la belleza se fusionan y sobreponen una sobre otra consolidando el estilo Kitano como uno de los más personales del cine oriental. Punto de inflexión entre la primera etapa del realizador y su creciente interés por los apartados visuales, estéticos (“Dolls”, 2002, o “Zatoichi”, 2003) y también conceptuales y filosóficos (como la inclasificable “Takeshis’“, 2005); el film consigue extraer de un argumento de melodrama pasado de vueltas lirismo, agresividad y profundidad a partes iguales.

Yoshitaka Nishi (Takeshi Kitano) es un policía sin escrúpulos que deja el cuerpo después de que su compañero, Horibe (Ren Osugi), quede postrado en una silla de ruedas. Mientras Horibe intenta olvidar su estado por medio de la pintura, Yoshitaka se meterá en problemas tras pedir un préstamo a la mafia para pagar las necesidades de la enfermedad de su esposa.

El interés de Takeshi Kitano por la pintura y lo pictórico se deja ver en el film: desde esos cuadros que pinta el policía paralítico (que en realidad están pintados por el mismo Kitano) hasta los coloridos fuegos artificiales, las ‘flores de fuego’ del título. Toda esta sensibilidad artística, unida a la nostálgica banda sonora de Joe Hisaishi (compositor habitual de los films de Hayao Miyazaki), topa de frente contra el pétreo y peligroso rostro de Kitano, creando una química inusual que nos da los momentos más inspirados del film. Una genialidad del director de “El verano de Kikujiro” (1999) en la que pone mucho de su propia vida (su padre era pintor y hacía trabajos para la yakuza para ganar dinero), tan dura como poética.

 

– Para todos los que no les moleste la esquizofrenia genérica.

– Imprescindible para los que sólo conozcan a Kitano de “Humor Amarillo”.

 

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