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John Waters - 1974 - 'Cosas de hembras'Tras el éxito en los circuitos underground de la angular “Pink Flamingos” (1972), John Waters (que completaría su ‘trilogía basura’, junto a su ‘actriz’ fetiche Divine, con “Desperate Living”, 1977) volvió a escandalizar con este sarcástico delirio, tan insultante, escatológico e incorregible como divertidísimo; un cuento de hadas cargado de sal gorda y humor de vertedero, de perversiones sexuales y personajes fuera de sí, de crítica cáustica a las apariencias e imágenes que buscan incomodar al espectador. Aunque (o precisamente por eso) Waters aún no contaba con los medios económicos de su apreciable, y siempre provocativo, cine posterior (“Hairspray”, 1988, “Los asesinatos de mamá”, 1994, o “Cecil B. Demente”, 2000), consiguió a base de una acumulación casi obscena de situaciones ‘llamativas’ con vertir esa irregular obra en un hilarante melodrama (su género de cabecera, al que adorar y envilecer) esperpéntico y febril que es difícil de imaginar en otras manos que no sean las del director de Baltimore.

El argumento no puede ser más bizarro: una joven (interpretada con toda la desfachatez del mundo por Divine) huye de los típicos padres del cine de Waters (retrógrados, conservadores e intolerantes), es violada y termina embarazada, pero lo gordo viene cuando conoce a unos pervertidos dueños de un salón de belleza a los que les gusta grabar a jovencitas mientras cometen crímenes.

Como realizador, productor, montador y director de fotografía, John Waters desarrolló su particular estilo tanto con respecto al discurso conceptual (cuyas pendencieras, agitadoras y radicales propuestas iban tomando un cariz más irónico y menos brutal, acercándose a ciertos códigos genéricos clásicos) como a su narración (que avanzaba un paso desde sus deslabazados films anteriores a las estructuras más académicas y sólidas de su carrera en los 80 y 90). Un film de bajo presupuesto que funciona como verdadero testimonio de una época en la que el cine de autor también pasaba por obras tan festivas y enfermizas como esta, y que testimoniaba el final del ‘buen rollo hippie’.

 

– Para amantes de la comedia grotesca sin andarse con tonterías ni vergüenzas.

– Imprescindible para ingenuos salvajes que quieran tirarse a la piscina.

 

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