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Ingmar Bergman - 1968 - 'La hora del lobo'Considerada fallida por parte de la crítica, “La hora del lobo” llevaba más allá el vampirismo psicológico de su anterior film (“Persona”, 1966) para crear una atmósfera terrorífica y conceptualmente densa, alrededor de las obsesiones personales y la paranoia, que supuso el único intento de Ingmar Bergman (“Fresas salvajes”, 1957, “Gritos y susurros”, 1957, o “Fanny y Alexander”, 1982) de adentrarse en los más sesudos mecanismos del cine de terror sin alejarse de su interés por el interior del alma humana. Con una fría puesta en escena (gracias a la inestimable colaboración de Sven Nykvist) y un halo surrealista que sobrevuela la narración, Bergman sume al espectador en una oscura y malsana ensoñación repleta de metáforas visuales y reflexiones filosóficas en torno a la realidad y la ficción, la cordura y la locura. Un magnífico film de terror que a la vez es también una compleja y profunda obra de arte y ensayo a la altura de la siempre relevante filmografía del director sueco.

Johan (Max Von Sydow) es un pintor, atormentado por extrañas pesadillas, que se retira para descansar junto a su esposa (Liv Ullman) en una isla. Sus siniestros vecinos (que parecen corresponderse con los sueños de Johan) y una serie de raros sucesos comienzan a sumir al artista en un estado paranoico en el que cree que hay demonios que van tras el.

Apoyándose en cierta iconografría de horror gótico clásico (desde el aislamiento de los protagonistas y su uso de la luz a ese misterioso castillo), en su incansable afán por lo experimental (presenta desde esos títulos de crédito en los que oímos los sonidos del equipo de rodaje hasta que Bergman dice ‘acción’ y comienza el film) y en una concepción psicológica y existencialista que lo emparenta con la obra del escritor y compositor romántico E. T. A. Hoffmann; el director de “El séptimo sello” (1957) construye un alucinado y enmarañado (pero acertado) retrato de los temores más profundos del artista (y por extensión del ser humano), lo que vuelve a demostrar que su obra funciona perfectamente como un reflejo cinematográfico de su vida.

 

– Para interesados en el cine de terror de arte y ensayo.

– Imprescindible para completistas de la obra del gran maestro sueco.

 

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