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Damien Chazelle - 2014 - 'Whiplash'Aunque casi nadie se fijó en su ópera prima (“Guy and Madeline on a Park Bench”, 2009), Damien Chazelle, con solo 29 años, consiguió que el público y la crítica se rindieran ante esta típica historia de superación y madurez, que en manos del melómano realizador (autor también del guión de “Grand Piano”, 2013, de Eugenio Mira) se convierte en una suerte de intenso thriller con tendencia a la hipérbole que convierte la creación artística (o la interpretación, según se mire) en un camino tortuoso y doloroso que, no obstante, parece ser el único modo de alcanzar aquella perfección abstracta que perseguía el protagonista del célebre relato de Julio Cortázar. Con un ritmo trepidante, una cuidada banda sonora y un duelo actoral antológico (J.K. Simmons logró el Oscar al mejor secundario), “Whiplash” es un impecable espectáculo tanto jazzístico como cinematográfico que profundiza en una casi patológica necesidad de éxito a la vez que reflexiona sobre los métodos didácticos.

Andrew Neiman (Miles Teller) es un joven batería que estudia en el prestigioso conservatorio neoyorquino Shaffer. Sus sueños de convertirse en un gran batería de jazz parecen hacerse realidad cuando el tiránico Terence Fletcher (J.K. Simmons) lo ficha para su banda. Pero el carácter de Fletcher pondrá a Andrew al borde de su cordura.

Con el ‘Whiplash’ del título (obra de Hank Levy) o ‘Caravan’ (de Duke Ellington) como intrincadas metáforas narrativas; la capacidad de Chazelle para esquivar los tópicos más manidos de este tipo de argumentos a base de excesos (físicos y psicológicos); unos personajes prototípicos pero muy atrayentes; y la perfecta conjunción de la música y la imagen (el sonido y el montaje lograron sendos Oscars); arrastran al espectador a una intensa aventura al interior de sueños que se vuelven pesadillas, a la superación generacional de los fracasos del pasado y al violento ‘via crucis’ que supone entregarse completamente a algo. Tal vez “Whiplash” no sea un estudio detallado y realista del mundo del jazz, pero si que es una experiencia cinematográfica de las que no se olvidan fácilmente.

 

– Para amantes de las proezas musicales.

– Imprescindible para coleccionistas de entrenamientos castrenses cinematográficos.

 

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