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Joel Coen - 1991 - 'Barton Fink'Los hermanos Coen (aquí Ethan Coen solo figuraba como productor y guionista) aún eran simplemente unos frikis del cine negro con tres personalísimas y heterogéneas películas dirigidas (la efectiva “Sangre Fácil”, 1984; la bizarra “Arizona Baby”, 1987; y su excelente homenaje al cine negro clásico “Muerte entre las flores”, 1990) y un guión de culto para Sam Raimi (“Ola de crímenes, ola de risas”, 1985), cuando sorprendieron con esta sórdida historia, declaración de intenciones, de pérdida de la inocencia artística que los encumbró en Cannes como unos de los más destacados autores de su generación. Con ritmo narrativo de tensión ascendente, metáfora de ese descenso a los infiernos (que John Tuturro borda con su cara de no enterarse de nada), “Barton Fink” se desvincula de los referentes anteriores de los Coen (los cartoons de la Warner o los thrillers criminales de los años 50) para adentrarse en una atmósfera de cine de terror psicológico que culmina con un clímax impensable en un drama independiente de autor.

Barton Fink (John Turturro) es un joven dramaturgo de los años 40 que tras lograr un gran éxito con una obra independiente es contratado por un productor hollywoodiense (Michael Lerner) para escribir un guión sobre lucha libre. Alojado en un cochambroso hotel, Barton intentará conjugar la premisa comercial del film con sus intereses artísticos.

“Barton Fink” se erige como uno de los más desoladores retratos del mundo del cine que se han rodado jamás, de como la industria devora a un joven socialmente comprometido y con talento, de como los grandes estudios solo quieren aprovechar las ideas (o la imagen) de otros para hacer dinero. Pero los directores de “Fargo” (1996) no buscan simplemente criticar el sistema de estudios, sino que también profundizan en algunos de los ‘fantasmas’ habituales del escritor: de la página en blanco hasta las acusaciones de comercialidad, de la identidad autoral a la presión económica. Por si fuera poco, el apartado visual es magnífico y su plantel de secundarios impagable; redondeando una obra compleja e inteligente repleta de simbolismos.

 

– Para los que piensan que el final de “Seven” es muy original.

– Imprescindible para fans del gran John Goodman y del ‘venderse’ como muerte artística.

 

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