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Michael Gordon - 1959 - 'Confidencias de medianoche'Aunque había dirigido clásicos de culto del cine negro (“La araña”, 1947) o estupendas adaptaciones literarias (“Cyrano de Bergerac”, 1950) antes de formar parte de la ‘lista negra’ del Comité de Actividades Antiamericanas y no poder trabajar durante la mayor parte de los 50; fue en su regreso a Hollywood cuando la carrera de Michael Gordon gozó de mayor éxito, gracias a una serie de comedias románticas entre las que destaca este vehículo para Rock Hudson y Doris Day (que también cantaba varias canciones) estrellas que el buen hacer de Gordon (y el divertido, y oscarizado, guión de Stanley Shapiro y Maurice Richlin) convirtió en una pieza clave de la evolución de la ‘comedia romántica de enredo’. La química entre las dos atractivas estrellas, el colorido y ‘moderno’ estilo visual (con sus pantallas divididas que servían para, esquivando la censura, meter a los protagonistas en la misma cama ‘sin preliminares’) y su simpática batalla de sexos cargada de estereotipados clichés genéricos sumerge al espectador en su predecible pero encantador argumento sin que tenga que parar a preguntarse por la credibilidad del conjunto.

El mujeriego compositor Brad Allen (Rock Hudson) y la decoradora Jan Morrow (Doris Day) comparten una línea telefónica. Aunque nunca se han visto, comienzan a surgir tiranteces entre los dos, debido a que Brad pasa mucho tiempo hablando con diversas mujeres. Pero, haciéndose pasar por otro, Brad intentará conquistar a Jan.

“Confidencias a medianoche” se aleja de las mordaces y sarcásticas ‘screwball comedies’ de los 40 (“Luna nueva”, 1940, de Howard Hawks, o “Arsénico por compasión”, 1944, de Frank Capra) para adoptar un tono amable e inocuo que encajaba mejor que el espíritu optimista de los años 50 y el ‘American Way of Life’. Pero aún así, igual que Rock Hudson escondía su homosexualidad tras el aspecto de hombretón irrestible, el film funciona también como una lectura casi paródica de esos roles de género tan convencionales como vacíos, tan idealizados como reconocibles. Así este influyente film (consultad “Abajo el amor”, 2003, de Peyton Reed), nos entretiene con equívocos y giros de guión, pero también nos regala una ventana impagable para asomarnos a la cultura de finales de los 50.

 

– Para interesados en la evolución de la comedia romántica.

– Imprescindible para coleccionistas de las más carismáticas parejas cinematográficas.

 

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