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Victor Sjöström - 1926 - 'La mujer marcada'Más que una de las personalidades más importantes del cine sueco; Victor Sjöström es uno de los grandes pioneros de la historia del cine (figura ejemplar para hacer un recorrido por los primeros 60 años del 7º Arte), un artesano de la forma y el contenido y autor en toda regla de varias obras maestras (“El que recibe el bofetón”, 1924, o “El viento”, 1928). Sjöström comenzó en el cine mudo en Suecia; tras casi 40 largometrajes llamó la atención de Hollywood (de Louis B. Mayer en particular) gracias a la soberbia “La carreta fantasma” (1921) y sus dotes para el expresionismo existencial; y acabó en Hollywood (aunque su trayectoria como actor llegó hasta “Fresas salvajes”, 1957, de Ingmar Bergman) prestando su maestría a impecables producciones de estudio como esta adaptación de la novela clásica de Nathaniel Hawthorne: un exacerbado drama mudo con el que la prolífica guionista Frances Marion (ganadora de 2 Oscars, por “El presidio”, 1930, de George W. Hill y “El campeón”, 1931, de King Vidor) pudo explorar el morbo, la hipocresía de la sociedad y el denigrante trato a la mujer, apoyándose en la poderosa (y a veces verdederamente inspirada) realización de Sjöström.

En el Boston del siglo XVIII, Hester Prynne (la delicada musa de David W. Griffith: Lillian Gish) es una joven que se queda embarazada a pesar de que su marido se perdió en el mar años atrás. Por ello el pueblo la obliga a llevar siempre visible una ‘A’ de adulterio, humillándola públicamente.

Así, el film se convierte en un intenso drama sobre la estricta corrección moral del fanatismo religioso (el cual no es más que el reflejo de la insatisfacción, el odio y el gusto por la ‘carnaza’) en el que también tiene cabida una historia de amor imposible al más puro estilo hollywoodiense. Una compleja reflexión sobre la sociedad que no dejaba de dar al espectador lo que esperaba de una película protagonizada por una de las grandes estrellas del momento; y que a pesar de estar rodada hace un siglo consigue dejar en ridículo la supuesta profundidad y calidad de las actuales producciones comerciales.

 

– Para interesados en obras mayores del cine mudo.

– Imprescindible para iniciarse en las carreras de Victor SJöström o Lillian Gish).

 

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