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Joel Schumacher - 1990 - 'Línea Mortal'Tras crear algunos hitos de culto dentro del cine de los 80 (en el cine de terror adolescente con “Jóvenes Ocultos”, 1987, o con el drama post-universitario “St. Elmo, punto de encuentro”, 1985), el realizador neoyorquino Joel Schumacher comenzó los 90 con este sugerentemente siniestro drama sobrenatural acerca de la superación de los miedos y la penitencia trascendental. Aunque la atractiva premisa del film parece superar el a veces torpe desarrollo de la historia; su tenebrosa atmósfera, estructura casi episódica (con un variado catálogo de traumas), correcta realización y aceptables interpretaciones son lo suficientemente llamativas para convertir este oscuro cuento moral en un más que entretenido ejercicio de terror psicológico posmoderno; en una amena producción hollywoodiense que deja entrever una interpretación del infierno como el lugar donde todos deberemos saldar nuestras cuentas con el pasado.

Animados por su compañero Nelson Wright (Kiefer Sutherland), un grupo de estudiantes de medicina deciden acabar de una vez por todas con las leyendas sobre la vida después de la muerte matando clínicamente a uno de ellos y devolviéndolo después a la vida. Tras una primera sesión con éxito todos querrán probarlo, pero parece que no han vuelto solos del otro lado.

El director de “Un día de furia” (1993) reunió a un reparto de jóvenes estrellas del momento (Julia Roberts, Kevin Bacon, William Baldwin u Oliver Platt) e hizo unas cuantas concesiones al espectador adolescente (termina siendo algo predecible), lo que provocó que parte de la crítica se cebase con su ingenuo (o idealizado) tratamiento de la muerte. Pero eso no quita que “Línea Mortal” sea uno de los thrillers sobrenaturales más recordados de los 90; con una efectiva melodía de James Newton Howard, una tortuosa y perturbadora fotografía de Jan de Bont y una escenografía gótico-modernista del gran Eugenio Zanetti que parecía ambientar el film en una suerte de universo paralelo entre el Gotham de “Batman” (Tim Burton, 1989) y la lluviosa ciudad de “Seven” (David Fincher, 1995).

 

– Para los que no tengan prejuicios hacia un guión irregular con tal pasar un buen rato.

– Imprescindible para los seguidores del cine de terror de los 80.

 

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