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André de Toth - 1953 - 'Los crímenes del museo de cera'Como director especializado en cine de género (“Pitfall”, 1948, o “El día de los forajidos”, 1959), el realizador húngaro André de Toth resultó la elección perfecta para ponerse al mando de este impecable (técnica y artísticamente) clásico del cine de terror (remake de la también destacable “Los crímenes del museo”, 1933, de Michael Curtiz) que se convirtió en un icono gracias a la carismática interpretación de Vincent Price, a un magnífico diseño de producción y a un ambicioso (y acertado) uso de ciertas tecnologías que intentaban crear en el cine experiencias irrepetibles en televisión (WarnerColor, sonido Estereofónico o el 3D). Situando una serie de elementos que parecen extraídos de los primeros clásicos del cine de terror (como “El fantasma de la ópera”, 1925, o “El hombre y el monstruo”, 1931) en un entorno tan siniestro e inquietante como un museo de cera parece tener hecha la mitad del trabajo; pero además de Toth logra mantener una intriga y un ritmo envidiable, adaptando perfectamente los avances técnicos con la historia.

Henry Jarrod (Vincent Price) es un talentoso escultor que tiene un museo de cera en Nueva York. Su ambicioso socio (Roy Roberts) incendia el museo para cobrar el seguro. Jarrod consigue sobrevivir al incendio y, tras la muerte de su socio, decide abrir un nuevo museo en el que creará una cámara de los horrores con crímenes famosos.

El éxito del film revitalizó la carrera de Vincent Price y lo lanzó a una serie de memorables papeles de genio psicopático y afectado criminal (“La mosca”, 1958, de Kurt Neumann, o “Escalofrío”, 1959, de William Castle). A pesar de que André de Toth solo tenía un ojo (y no podía ver el 3D, basado en la visión binocular, con dos lentes, una roja y otra azul) logró convertir “Los crímenes del museo de cera” en la película más popular de la fiebre del cine en tres dimensiones de principios de los 50 (la primera de un gran estudio en color), cuya influencia es ciertamente incalculable. No perderse a un jovencísimo Charles Bronson en el papel de un secuaz mudo del protagonista.

 

– Para amantes de las historias de venganzas diabólicas.

– Imprescindible para coleccionistas de iconos del cine de terror.

 

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