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Jacques Tati - 1958 - 'Mi tio'Después del gran éxito de público y crítica de “Día de fiesta” (1949) y “Las vacaciones de M. Hulot” (1953), el realizador francés Jacques Tati recuperó al carismático M. Hulot (interpretado por el mismo) en su tercer largometraje (pasarían 9 años hasta la ambiciosa, pero genial, debacle que supuso “Playtime”, 1967) para proseguir con su magistral recital de gags físicos; en su particular homenaje a los grandes autores-creadores-intérpretes del cine cómico mudo (Charles Chaplin, Buster Keaton, Harold Lloyd, …).  Pero además de su prodigioso sentido del humor, Tati también confecciona una divertida pero aguda crítica a la vacuidad de ciertos avances tecnológicos; a los aspectos más artificiosos de la sociedad moderna, con sus pomposas maquinarias robotizadas y su gélido sentido de la estética que ensombrecen la calidez humana. Divertidísima y tierna de principio a fin, esta obra maestra en la que los diálogos son lo menos importante consigue arrancar carcajadas 50 años después de su estreno.

M. Hulot (Jacques Tati) es un hombre excéntrico y optimista que vive en un pequeño piso de un barrio humilde. Su sobrino Gerard (Alain Bécourt) vive en una casa ultramoderna de un buen barrio, aunque no le gusta porque su madre no lo deja invitar a sus amigos a jugar.

Tati se ríe del esnobismo de ciertas clases altas que se consideran intelectuales, a la vez que nos habla de la incomodidad  del diseño moderno y de la necesidad de afrontar la vida de una manera más despreocupada y natural. “Mi tío” es el primer film en color de Tati, lo que le sirve para (junto al oscarizado director de fotografía Jean Bourgoin) impregnar cada uno de los planos con colores vivos que lo ayudan a intensificar esa atmósfera heredera del neoplasticismo de De Stijl; y que contrasta con los movimientos impredecibles y el ambiente costumbrista en el que se mueve el personaje del señor Hulot. Con todo esto el poco prolífico realizador francés logró un film inteligente, sensible y divertido cuyo mensaje y humor parecen no pasar nunca de moda.

 

– Para comediantes de la torpeza y la pirueta, pero con corazón.

– Imprescindible para rastreadores de los herederos del cine mudo.

 

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