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Jim Jarmusch - 1989 - 'Mystery Train'Tras su trilogía de films en blanco y negro (“Permanent Vacation”, 1980; “Extraños en el paraíso”, 1984; y “Bajo el peso de la ley”, 1986) que lo encumbró como uno de los más interesantes directores independientes de Estados Unidos, Jim Jarmusch contó con más presupuesto para embarcarse en esta comedia amarga y existencialista sobre el tránsito; homenaje al Rock & Roll (está ambientada en Memphis) y a la carretera (o a las vías del tren), al viaje (todos los protagonistas son extranjeros) y a la noche. En una época en la que Jarmusch explotaba su gusto por las historias cortas (su siguiente film fue “Noche en la Tierra”, 1991, y a finales de los 80 también dirigió los primeros cortos de la antología “Coffee and Cigarettes”, 2003), nos sumerge en una estructura tríptica con la que logra abarcar una variedad más amplia de situaciones y personajes; además de dotar al film de un tono excéntrico y novedoso que no se pondría de moda hasta la llegada de “Pulp Fiction” (Quentin Tarantino, 1994).

Tres historias suceden a lo largo de un día: una joven pareja japonesa visita la cuna del Rock; una italiana (Nicoletta Braschi, mujer de Robert Benigni) intenta recuperar el cuerpo de su difunto esposo; y un inglés con la cara de Joe Strummer se desquita por una ruptura reciente; todas confluyen en un destartalado hotel regentado por el mítico Screamin’ Jay Hawkins.

La sutileza y el tranquilo naturalismo del que hace gala Jarmusch (que enmascaran un simbolismo y una profundidad relevantes) tiene sus mejores apoyos en la colorida paleta de colores de Robby Müller (habitual director de fotografía de Wim Wenders), en un reparto excelente (Steve Buscemi, Tom Noonan o Vondie Curtis-Hall), en la torturada voz de Tom Waits y en las inmortales canciones de Elvis Presley (sobre todo la fantasmagórica delicia que da título al film). Una pieza clave del cine independiente americano con la que Jarmusch profundizaba en lo que consideraba más aprovechable de la cultura popular estadounidense (la música rock, soul o country), sin dejar de lado algunos de sus temas más recurrentes (como la imposibilidad de comunicarse).

 

– Para rockeros con mirada amarga.

– Imprescindible para amantes del ‘otro’ cine americano.

 

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