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Luis Buñuel - 1965 - 'Simón del Desierto'El último film que Luis Buñuel (“Los olvidados“, 1950, “El ángel exterminador”, 1962, o “El discreto encanto de la burguesía”, 1972) rodó en México es este genial mediometraje (dice la leyenda que Buñuel no pudo acabarla por falta de dinero) que lleva a sus últimas consecuencias la obsesión religiosa del director de Calanda por medio de un sangrante sentido de la sátira, anacronismos, erotismo y el surrealismo más malintencionado. Con su tono de surreal comedia irónica y crítica, “Simón del Desierto” es una divertida e inteligente reflexión sobre la hipocresía y vacuidad de conceptos religiosos como el pecado o la redención; además de un retorcido ejercicio de estilo y de economía cinematográfica que ha influido en autores afines como los Monty Python (por supuesto en “La vida de Brian”, 1979). el sencillo argumento sirve a Buñuel para desplegar una serie de ‘episodios’ en forma de gags simbólicos donde desarrollar sus siempre contestatarias opiniones sobre moral eclesiástica y la sociedad en general.

Tras seis años haciendo penitencia en lo alto de una columna en medio del desierto, Simón el Estilita (Claudio Brook) recibe como donativo una columna mejor y más alta. Pero el diablo, en diversas formas (inolvidable esa colegiala con las formas de Silvia Pinal), ronda a Simón y hurde mil tretas para tentarlo, hasta que parece que el devoto no puede resistirse más.

Buñuel se ríe lacerantemente de uno de los pilares del Catolicismo: el hecho de llevar una vida tortuosa para poder ascender al cielo y pasar la eternidad cómodamente; y lo hace utilizando cierto minimalismo naturalista (al estilo de Pier Paolo Pasolini en “El evangelio según San Mateo”, 1964) que parece intensificar el misterio y la ‘fantasía’ de las apariciones del diablo, creando una atmósfera tan fiel a la historia original como desmitificadora de la misma (en una intencionada reducción cinematográfica al absurdo). Nada es fortuito en este breve (solo 43 minutos) festival de socarronería milagrosa que además cuenta con uno de los finales más extraños y originales de la historia del cine.

 

– Para amantes de la crítica religiosa más desvergonzada.

– Imprescindible para rastreadores de la pista de Satanás en el cine.

 

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