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Andrei Tarkovsky - 1972 - 'Solaris'En el periodo de 6 años que el realizador ruso Andrei Tarkovsky dejó pasar entre sus primeras obras maestras (“La infancia de Iván”, 1962, o “Andrei Rublev”, 1966), Stanley Kubrick cambió la opinión que el mundo tenía de la ciencia-ficción gracias a la filosófico-antropológica “2001: una odisea del espacio” (1968). Si a esto añadimos que el a menudo complejo cine soviético ya había utilizado con acierto este género para confeccionar parábolas sociales y existencialistas (“Aelita”, 1924, de Yakov Protazanov, o “El planeta de las tormentas”, 1962, de Pavel Klushantsev) y que Tarkovsky buscaba algún proyecto más ‘financiable’ que sus anteriores films; encontraremos el porqué decidió adaptar la popular novela homónima de Stanislaw Lem como vehículo para profundizar en una serie de dilemas morales y emocionales que nos hablan de la condición humana aferrada al deseo de infinitud (de permanencia), siempre enmarcados en esa mirada contemplativa y cargada de simbolismos característica de Tarkovsky.

Kris Kelvin (Donatas Banionis) es un psicólogo que va a viajar a un remoto planeta cubierto de agua, llamado Solaris, con el fin de evaluar una misión científica. Pero cuando llega a Solaris las cosas son más confusas de lo que parecía.

Con un presupuesto ínfimo (que da al film un tono desvencijado opuesto al aséptico estilo estadounidense), el director de “Stalker” (1979) nos sumerge, a través de una serie de ‘diálogos platónicos’ (pura reflexión filosófica), en una historia que propone un original contacto extraterrestre; una visión en la que desde la inmensidad del ‘espacio exterior’ parece decirnos que pongamos nuestra atención en el no menos inmenso ‘espacio interior’; materializando el pensamiento y los recuerdos gracias a una fuerza casi trascendental que funciona como una perfecta herramienta metalingüística. Pero además Tarkovsky llena el film de poderosos y bellos planos y encuadres que suplen la carencia de efectos especiales o de innumerables elementos simbólicos (como ese uso del clasicismo, de pinturas o música, como contraste con el ‘mundo futuro’).

 

– Para interesados en el tratamiento de género en el cine soviético.

– Imprescindible para amantes de la ciencia-ficción como instrumento de reflexión filosófica.

 

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