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Sean S. Cunningham - 1980 - 'Viernes 13'Aunque normalmente se considera a “La noche de Halloween” (John Carpenter, 1978) como el primer ‘slasher’ de la historia, lo cierto es que es “Viernes 13” la que verdaderamente merece ser considerada la primera película 100% perteneciente a este subgénero inspirado por el giallo italiano o films de retorcidos asesinos en serie como “Psicosis” (Alfred Hitchcock, 1960) o “La matanza de Texas” (Tobe Hooper, 1974). Y es que la película de Sean S. Cunningham (productor de pequeños clásicos del horror como “La última casa a la izquierda”, 1972, de Wes Craven, o “House, una casa alucinante”, 1986, de Steve Miner), contiene muchas más muertes (nada menos que 10), es más sangrienta (por gentileza del mago de la casquería Tom Savini) y en general funciona como un catálogo de todos los tópicos del esta clase de producciones (el entorno aislado, la cámara subjetiva, el subtexto sexual, la historia de venganza, el ‘loco’ que advierte del peligro al principio, la mogigata ‘chica final’, …).

Casi 20 años después de que una pareja sea asesinada en el campamento de Crystal Lake, una serie de jóvenes (entre los que se encuentra un principiante Kevin Bacon) llegan al lugar con el fin de prepararlo para la llegada de niños durante el verano. Pero alguien los observa desde el bosque y comienza a matarlos poco a poco.

Terror adolescente plagado de crímenes y aderezado con drogas, sexo y muy pocas pretensiones; eso es lo que promete y lo que da esta delicia de consumo rápido infinitamente imitada, plagiada o sencillamente clonada (además de 9 secuelas, un remake y ese crossover que fue “Freddy contra Jason”, 2003, de Ronny Yu). Pero también creó un universo del que surgiría un icono cultural moderno como Jason Voorhees; un mundo donde lo único que puede elegir un adolescente normal es la manera en la que se lo van a cargar. En definitiva, un film fundacional del terror moderno que sabe mantener el interés en un argumento sin mucha sustancia gracias a un buen sentido de la tensión y del suspense, y a la sencillez y sinceridad de su propuesta (aunque hay quien las ha buscado, no hay lecciones morales, solo morbo).

 

– Para los que gustan de pasar las vacaciones en la naturaleza.

– Imprescindible para coleccionistas de iconos del terror moderno.

 

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