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David Zucker - 1988 - 'Agárralo como puedas'Los hermanos Zucker y Jim Abrahams recuperaban al paródico policía Frank Drebin de su fallida (pero tronchante) serie de televisión “Police Squad!” (1982) para su mejor película desde la parodia del cine de catástrofes “Aterriza como puedas” (1980). Este ingeniosa, surrealista y absurda sucesión vertiginosa de gags supuso la consolidación de ese mundo con leyes físicas y lógicas particulares que los ZAZ convirtieron en escenario de exitosos films como “Top Secret” (1985) o “Hot Shots!” (1991). Un argumento tópico del cine policiaco que en manos de Abrahams y los Zucker se transforma en el recipiente de una serie interminable de jocosos gags crueles, ridículos, metalingüísticos o simplemente idiotas que dan al film un ritmo trepidante y repele a los espectadores demasiado academicistas. Nunca nadie ha subvertido los estereotipos y los estándares genéricos de una manera tan desenfadada, alocada y divertida como los ZAZ, y “Agárralo como puedas” es una de sus obras más memorables.

El anodino pero entregado inspector de policía Frank Drebin (el impagable Leslie Nielsen), tras perder a su compañero, decide investigar a un magnate naviero relacionado con la mafia (Ricardo Montalbán), contando con la ayuda de la ex-novia de este (Priscilla Presley).

A pesar de su condición de ejercicio de iconoclastia humorística (con sus antecedentes en el cine de los hermanos Marx o Mel Brooks) “Agárralo como puedas” tiene muchas de las virtudes que nos atraen en una buena comedia: un hiperbólico uso del humor físico que hace parecer realistas las piruetas circenses de Buster Keaton o Charles Chaplin; una serie de divertidísimos secundarios (George Kennedy o O.J. Simpson) a los que se unen diversos cameos y dobles de famosos (como esa ‘cumbre del mal’ en la que el protagonista da su merecido a Arafat, Idi Amin o Gorbachov o Jomeini); un guión lleno de guiños al género policíaco (a esa moral policial intachable de las producciones, sobre todo televisivas de los años 50 y 60); y una actitud gamberra, irrevelente, desprejuiciada y hasta escatológica que no deja indiferente a nadie.

 

– Para cualquiera que tenga la risa floja.

– Imprescindible para los investigadores de los orígenes de la comedia posmoderna.

 

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