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Ricardo Franco - 1997 - 'La buena estrella'La irregular, poco prolífica y siempre arriesgada carrera de Ricardo Franco durante los 70 y 80 (“Pascual Duarte”, 1976, “Berlín Blues”, 1988) comenzó en los 90 a adquirir rasgos de auténtico cine de autor gracias al documental “Después de tantos años” (1994), que volvía, 20 años después, a sumergirse en los entresijos de la familia Panero tras “El desencanto” (Jaime Chávarri, 1976); a sólidos melodramas como “El sueño de Tánger” (1991) o “Lágrimas negras” (1998); y sobre todo a este drama desgarrador, soberbiamente interpretado y realizado con una minuciosidad, una sencillez y una naturalidad inquietantes. Ricardo Franco se sumerge en una relación triangular para reflexionar en torno al amor, sentimiento capaz de sacar lo mejor y lo peor de las personas; y lo hace dando vida y complejidad psicológica a tres personajes cuya condición de estereotipos da al film un tono de tragedia griega (y pasional obra de tesis).

Rafael (Antonio Resines) es un introvertido carnicero que un día acoge en su casa a Marina, una joven embarazada (Maribel Verdú) a la que su novio (Jordi Mollà) está dando una paliza. Aunque Rafael sufrió un accidente que lo dejó impotente, comienza a pensar que puede formar una familia con Marina. Pero el regreso del novio lo cambiará todo.

Ricardo Franco (que por desgracia ya estaba muy enfermo y moriría en 1998) teje su historia sin ningún artificio, a base de miradas y una serie de magníficos silencios que nos cuentan mejor que un monólogo los sacrificios del amor y el desamor; nos cuenta desde el punto de vista del que va a abandonar el mundo (filosófico-existencial, pero también profundamente romántico) lo que significa la necesidad de afecto, el amar y ser amado, el dolor, la pérdida, la traición y lo contingente de la vida. “La buena vida” es triste, melancólica y contemplativa, pero tiene una fuerza (que debe mucho al impresionante trabajo de los actores) capaz de atrapar al espectador, de removerle el corazón (de hecho Franco tenía problemas cardíacos y murió de infarto) y exprimirle unas lágrimas.

 

– Para coleccionistas de las grandes obras del cine español.

– Imprescindible para comprobar porqué se dice que el cine español es un ‘cine de actores’.

 

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