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Aleksandr Dovzhenko - 1930 - 'La Tierra'Aunque el cine ruso nunca caló como el americano en la búsqueda de evasión y entretenimiento del público europeo (por su excesivo simbolismo y su tono político); obras maestras del cine mudo como “La Tierra” demostraban ya entonces que, si bien la economía de la URSS podía dejar que desear, en cuestiones artísticas no se quedaban atrás. Aleksandr Dovzhenko (“Arsenal”, 1929, o “Ivan”, 1932, utilizó un tema bolchevique clásico (una revuelta en protesta por los abusos de los que ostentan el poder en un entorno distinto al usado por Eisenstein en “El acorazado Potemkin”, 1925), de un montaje prodigioso y de un uso de la imagen entre épico y cotidiano, para dar una lección de cine desarrollando conceptos sociales al margen de la propaganda (que la hay), como pueden ser la pobreza o la justicia; así como acercándose a temas universales y trascendentales como el progreso o la muerte (inolvidable la escena inicial).

Mientras su abuelo Semyon (Nikolai Nademsky) está a punto de morir, Vasili (Semyon Svashenko) y sus compañeros de la organización juvenil del Partido Comunista de la Unión Soviética comienza a dar los primeros pasos de la collectivización decidiendo comprar un tractor entre todos. Pero no todo el mundo ve con buenos ojos esta decisión.

La crítica rusa se dividió (acostumbrada a exaltadoras películas propagandísticas sin más) pero el tiempo puso a “La Tierra” en el lugar donde le correspondía. Y es que el film de Dovzhenko es uno de los mejores ejemplos de la profesionalidad y la confianza en el medio de los primeros maestros del cine ruso: una industria que hizo mucho por la evolución de la narrativa cinematográfica y por la concepción de este medio artístico como un intrumento tan digno como la pintura o la escultura para exponer ideas y conceptos. A la intensidad y la belleza de sus imágenes (que combinan, como solo los soviéticos sabían hacer, el naturalismo y el costumbrismo con la épica) se suman una serie de inteligentes simbolismos en diversos niveles: desde el abuelo al final de su vida, como metáfora del final del viejo régimen; hasta los tradicionales paralelismos impulsados por el montaje.

 

– Para socialistas que han olvidado de qué va todo esto.

– Imprescindible para amantes del lirismo visual popular.

 

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