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John Waters - 1998 - 'Pecker'El transgresivo y provocador estilo que John Waters (“Cosas de hembras”, 1974, “Hairspray”, 1988, o “Los asesinatos de mamá”, 1994) había cultivado en el cine underground (heredero del simbólico melodrama de los 50, el humor negro más escandaloso y la cínica contracultura de principios de los 70) se mimetizó a partir de los 90 con esa comedia medio-atrevida-medio-chabacana que tan bien explotaron los hermanos Farrelly en sus primeros films (“Dos tontos muy tontos”, 1994, o “Algo pasa con Mary”, 1998); corriente que desembocaría en la divertida explosión de mal gusto que es “Padre de familia” (Seth MacFarlane, 1999-…). Waters adoptó los esquemas de la comedia comercial pero sin perder de vista sus intereses; convirtiendo una sencilla historia de joven con talento enfrentedo a la depredadora industria del arte en un desvergonzado catálogo de simpáticos vicios y perversiones (sexuales, gastronómicas, religiosas, …), que esconde tras su aparente inocencia una virulenta crítica a la hipocresía y el mercantilismo de las clases altas.

Pecker (Edward Furlong) es un joven que trabaja en un pequeño restaurante de sandwiches en Baltimore. Pero su pasión es la fotografía y dedica su tiempo libre a fotografiar a las personas de su entorno: su novia (Christina Ricci), obsesionada con la limpieza; su hermana, adicta al azúcar; o su abuela, que habla con la Virgen.

Aún con toda su ironía, su crítica y su afán por alborotar, se nota que John Waters es optimista, tiene esperanza en la bondad del ser humano (desde los paletos homófobos hasta los oportunistas marchantes de arte); lo que crea una tensión que no deja caer la película por ninguna de las dos vertientes. El anarquismo insolente de sus primeras obras está parcialmente disuelto en los océanos del cine comercial, pero esto no quita para que “Pecker” (como “Cecil B. Demente”, 2000, o “Los sexoadictos”, 2004) sea un entretenimiento de primera, una comedia alocada para adultos sin prejuicios; un tanto inconexa pero con una atmósfera vitalista y alegre, cargada de personajes ocurrentes y situaciones cachondas.

 

– Para amantes de la comedia comercial provocativa.

– Imprescindible para iniciarse con timidez en la carrera de John Waters.

 

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