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Alejandro González Iñárritu - 2003 - '21 Gramos'En su segunda colaboración con el guionista Guillermo Arriaga (con el que también haría “Amores perros”, 2000, y “Babel”, 2006), el multioscarizado director de “Birdman” (2014) o “El renacido” (2015), Alejandro González Iñárritu, llevó al extremo la desestructuración de la línea narrativa de una película (que tan de moda puso “Pulp Fiction”, Quentin Tarantino, 1994, poco antes). Las secuencias se nos van presentando al principio en un orden caótico, saltando espacial y temporalmente; y mientras asistimos atónitos a ese desfile de acciones inconexas la historia va apareciendo poco a poco, cogiendo entidad gracias a unos actores excepcionales (tres personajes unidos por un accidente de tráfico) y un guión preciso e inteligente que hace del drama más sensacionalista y enrevesado un prodigio de la narración, la tensión y la empatía; una exploración de lo más profundo del alma humana, la fe, la culpa, el dolor, el amor, la pérdida y la muerte.

El film sigue a tres personajes cuyas vidas no pasan por su mejor momento: Paul Rivers (Sean Penn) con una fatal enfermedad de corazón; Jack Jordan (Benicio del Toro) es un expresidiario que ha superado la ‘mala vida’ gracias a la fe católica; y Christina Peck (Naomi Watts) es una madre que ha de afrontar la pérdida de su familia.

Como en su primer guión, Arriaga utiliza un accidente de tráfico como catalizador de la trama; un suceso violento y fortuito que funciona como sinécdoque de la vida, de las relaciones sociales, emocionales y sentimentales de unos personajes que se mueven por el mundo como los cuerpos en el vacío de las teorías hobbesianas. Sensación que se intensifica con una estructura que nos muestra el pasado, el presente y el futuro de los tres protagonistas como si alguien hubiese barajado las páginas del guión. “21 gramos” es dura y descarnada, pero también está recorrida por un extraño lirismo trascendental (un tono que Iñárritu no ha dejado de cultivar) que se materializa en las intenciones de toda la función: examinar el alma humana, removerla y hacernos pensar; como el Dr. Duncan MacDougall cuando dio con el peso del alma.

 

– Para pasar dos horas sin apartar la vista de la pantalla.

– Imprescindible para los buscadores de emociones fuertes, para el corazón y para el cerebro.

 

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