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Atom Egoyan - 1994 - 'Exótica'Hubo un tiempo, allá por los años 80, en que Atom Egoyan era la gran promesa del cine canadiense; un joven autor (director, guionista y productor), adorado por los festivales más prestigiosos, con un universo personal que diseccionaba la sociedad y las relaciones humanas por medio de una exploración del dolor o de la soledad. Pero fueron los años 90 los que trajeron la madurez temática y narrativa del director de origen armenio; gracias a tragicomedias satíricas como “El liquidador” (1991) o desoladores dramas como “El dulce porvenir” (1997), “El viaje de Felicia” (1999) o “Exótica”, una sensual reflexión sobre la condición humana con forma de rompecabezas dramático, de tramposo thriller psicológico. Y es que junto a sus complejos personajes, sus interesantes tramas y sus aspiraciones filosófico-existenciales, Atom Egoyan añadió una estimulante estructura no lineal (el mismo año que Tarantino dirigió “Pulp Fiction”) que imprime dinamismo a su contemplativa puesta en escena.

Exotica es un club de striptease en el que conocemos a una heterogénea serie de personajes: la propietaria Zoe (Arsinée Khanjian); Eric (Elias Koteas), que ejerce de DJ; la bailarina erótica Christina (Mia Kirshner) o el auditor de Hacienda Francis (Bruce Greenwood), que parece obsesionado con Christina.

Egoyan nos hace pensar en el sentimiento de pérdida, en las frustaciones y en como intentamos superarlas; y lo hace con un tono íntimo y hermético que funciona como contrapunto de su melodramática visión de los infortunios de la vida (sus personajes son una suerte de ‘zombies traumatizados’, parábolas de la la alienación social). Erótica, lúgubre y amarga, “Exótica” consigue engancharte gracias a sus argucias argumentales (los elementos son dosificados pausadamente por Egoyan), pero terminas por dejarte llevar por el carisma verborréico de un excelente Elias Koteas (que hace las veces de coro-narrador-comentarista del film), por la exhuberancia de la joven Mia Kirshner (que sube la temperatura de la película) o por la apasionada voz de Leonard Cohen cantando ‘Everybody Knows’.

 

– Para los que quieran presenciar un acertado encuentro entre cine de autor y posmoderno.

– Imprescindible para coleccionistas de joyas del cine independiente de los 90.

 

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