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25 - Buster Keaton - 1925 - 'Siete ocasiones'Convertido ya en una de los grandes cómicos del cine mudo, Buster Keaton interpretó, dirigió y produjo una decena de obras maestras de la comedia física (“El moderno Sherlock Holmes”, 1924, “El maquinista de la General”, 1926, o “El héroe del río”, 1928). En el meridiano de esa gloriosa década de los 20, Keaton creó esta encantadora comedia romántica que acaba, como es normal, en festival acrobático. Y es que “Siete ocasiones” es una magnífica muestra de comedia muda, pero también denota el interés del autor por experimentar con la narración a base de simbolismos, gestos y diversos recursos, su gusto por el ‘más difícil todavía’ (tanto en la interpretación como en la puesta en escena) y su exploración de los distintos resortes del humor. Así, cogiendo como excusa la obra de teatro de Roi Cooper Megrue (el argumento termina siendo lo de menos), Keaton despliega su genio para el ‘slapstick’ regalándonos algunas secuencias míticas de la historia del cine.

Jimmy Shannon (Buster Keaton) es un joven agente de bolsa arruinado que un día recibe una cuantiosa herencia de su abuelo. Pero para poder cobrar el dinero, Jimmy tiene que estar casado cuando cumpla 27 años; lo que le deja solo hasta las 7 de ese día para encontrar una mujer que quiera casarse con el.

“Siete ocasiones” no está a la altura de otras películas de Keaton, es menos ambiciosa temáticamente y la acción puede parecer que tarda en llegar; pero el carisma y la pericia de aquella estrella mundial del cine conocida como ‘cara de palo’ (‘stone face’ en EE.UU.) es suficiente para hacer de su escasa hora de metraje una delicia cinematográfica. Habrá quien prefiera la primera parte de la película, con su contenido pero sensible protagonista enfrentándose a un enredo cómico en torno al matrimonio; y otros que prefieran su segunda mitad (a partir de la ingeniosa secuencia en la que se queda durmiendo en la iglesia), su frenética persecución y sus peligrosos logros atléticos; pero lo imposible es que estas ingenuas peripecias romántico-circenses, un siglo después, no te dibujen una sonrisa en la boca.

 

– Para interesados en la mejor comedia muda.

– Imprescindible para los que quieren conocer los orígenes de la comedia romántica moderna.

 

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