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Clint Eastwood - 1993 - 'Un mundo perfecto'Kevin Costner pasaba por su mejor momento tras la lluvia de Oscars de “Bailando con lobos” (1990) o el espectacular éxito de “El guardaespaldas” (Mick Garris, 1992); Clint Eastwood venía de recibir por fin el reconocimiento que merecía gracias “Bird” (1988), “Cazador blanco, corazón negro” (1990) o la magistral “Sin Perdón” (1992). Sin embargo esta unión de colosos de Hollywood pasó desapercibida para el gran público y buena parte de la crítica; cosa extraña si consideramos que “Un mundo perfecto” es una soberbia muestra del subgénero de presos fugados, rodada con melancolía y lirismo (repleta de simbolismos), que esconde tras su prototípico argumento una compleja reflexión sobre los sueños rotos, la búsqueda de la libertad y el mundo de la infancia (sin moralejas facilonas); y estupendas interpretaciones que dan entidad y profundidad a los protagonistas, diálogos llenos de intención.

En 1963, Butch (Kevin Costner) es un preso fugado que huye a través de Texas con Phillip Perry (T.J. Lowther), un niño de 8 años testigo de Jehová al que ha cogido como rehén. Red Garnett (Clint Eastwood) es un ranger decidido a cazar a Butch antes de que llegue a Nuevo México.

El guión de John Lee Hancock (que repitió con Eastwood en la apreciable “Medianoche en el jardín del bien y del mal”, 1997) se convierte en manos del director de “Gran Torino” (2008), que además la produce, en una ‘Road Movie’ con ecos de cine del oeste (de esos westerns psicológicos que Eastwood adora, véase “Incidente en Ox-Bow”, 1943, de William A. Wellman); en una maravilla reivindicable de los 90 que te dibuja una sonrisa en la boca con la misma facilidad que te emociona. Film triste como la vida misma, pero como ésta, llena de momentos divertidos, emocionantes y reconfortables; divínas ironías que recorren la película desde su título hasta su estilo visual (esa luminosa fotografía de Jack N. Green que contrasta con la trágica historia), de las complejas personalidades de los personajes a la dulce cara de Casper, el fantasma amigable, que observa la acción desde un lugar privilegiado.

 

– Para buscadores de las películas más injustamente olvidadas de los 90.

– Imprescindible para admiradores de la maestría multidisciplinar de Clint Eastwood.

 

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