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David Lynch - 1999 - 'Una historia verdadera'Entre la perversa y oscura “Carretera Perdida” (1997), y la sugerente y estilizada “Mulholland Drive” (2001), David Lynch se tomó un descanso de tanto surrealismo conceptual y experimentos narrativos con este sencillo (que no simplista) film basado en una historia real en el que da una lección de cine humano, profundo y hermoso. El director de “Terciopelo azul” (1986) compone una simpática, inteligente y emotiva ‘road movie’ crepuscular (y a baja velocidad) arropada por los amplios espacios abiertos del norte de los EE.UU.; una suerte de viaje iniciático tardío, realista y contemplativo (a lo que ayuda la sutill banda sonora de Angelo Badalamenti), plagado de diálogos creíbles, personajes carismáticos y situaciones interesantes. Una delicia si artificios construida a imagen y semejanza de la historia que cuenta de diversas maneras: una narración sin prisas, abogando por la belleza de los ocasos, por la bondad intrínseca de las personas y homenajeando al mejor cine americano.

Alvin Straight (un poderoso Richard Farnsworth en su último papel en el cine) es un tozudo octogenario de Iowa al que le llega la noticia de que su hermano (Harry Dean Stanton), con el que hace años que está peleado, ha sufrido un infarto. Alvin, con problemas de visión y con la cadera delicada, decide recorrer los 426 kilómetros que lo separan de su hermano en su segadora.

Con esta historia a base de ellos paisajes de western norteño (gran trabajo de fotografía del oscarizado veterano Freddie Francis), secundarios bienintencionados, pequeñas aventuras de superación y algunos guiños marca de la casa (como la referencia a su adorada “El mago de Oz”, 1939, de Victor Fleming), Lynch consigue que todo el público se identifique con este hombre (que Farnsworth, enfermo durante el rodaje, caracterizó rudo y a vez frágil), que siente que, incluso en las postrimerías de su vida, nunca es tarde para corregir los errores del pasado (inolvidable el final del viaje, cuando se encuentra con su hermano). Si el viaje es una metáfora de la existencia, David Lynch deja muy claro que este no acaba hasta que no mueres.

 

– Para los que piensan que la realidad siempre supera a la ficción.

– Imprescindible para los que no soporten al David Lynch conceptualmente abstracto y narrativamente surrealista.

 

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