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Roberto Rossellini - 1948 - 'Alemania, años cero'Una de las cimas del Neorrealismo Italiano en la que el comprometido director Roberto Rossellini (“Paisà”, 1946, “Stromboli”, 1950, o “El general de la Rovere”, 1959) se sumerge, como ya hiciese con “Roma, ciudad abierta” (1945), en la crueldad, la violencia, la amargura y la tragedia de la guerra despojando a este drama de posguerra de cualquier clase de artificio (en la línea de lo que sería más tarde el Dogma 95) para convertirlo en una piedra arrojada a la cara del espectador. De un realismo apabullante y una poética belleza urbana, esta cruda reflexión sobre la moral en forma de historia cotidiana en situaciones excepcionales supuso uno de los esfuerzos formales más influyentes de la historia del cine, y confirmó a Rossellini (junto con Vittorio De Sica y Luchino Visconti, el gran tridente del Neorrealismo) como uno de los más audaces directores hasta la fecha.

En un Berlín desolado por la Segunda Guerra Mundial, entre edificios derruidos, Edmund (Edmund Moeschke), un niño de 12 años, intenta ayudad económicamente a su familia vendiendo cosas por la calle. Pero pronto, los problemas que lo rodean lo llevarán a unirse a un grupo de delincuentes.

Rossellini explotó a la perfección las grandes constantes de ese movimiento de vanguardia de la posguerra que fue el Neorrealismo: haciendo de la improvisación una suerte de naturalismo; de sus derruidos entornos (lo más cerca que el realismo puede estar de los escenarios post-apocalípticos) una metáfora del estado moral y social de Europa; centrándose en los personajes y sus emociones en detrimento de los diálogos (e incluso del argumento); y rodando a pie de calle con actores no profesionales, siguiendo a su joven personaje por un mundo desencantado y hostil. “Alemania, año cero” se erige como una fábula moral, amarga y pesimista, que pretende mostrar el estado en el que habían quedado los valores y las esperanzas de todo un continente; una obra maestra de la forma y el contenido, descarnada, arriesgada, innovadora e incalculablemente influyente que demuestra el irreductible interés del futuro marido de Ingrid Bergman por la sociedad.

 

– Para amantes de la ficción documental.

– Imprescindible para entender el realismo en el cine.

 

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