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Luis Buñuel - 1967 - 'Belle de Jour'Buñuel volvía a Francia tras rodar en México “Simón del Desierto” (1965) para llevar al cine la novela de Joseph Kessel “Bella de día” (‘Bella de noche’ es una manera de decir ‘prostituta’ en Francia), transformándola en una historia de iniciación sexual cargada de situaciones surrealistas, elementos bizarros y fetichistas marca de la casa y un ritmo sosegado cargado de tensión por el deseo reprimido (que actúa como contrapunto de su relajada puesta en escena). Un heterogéneo e impagable reparto de secundarios (Francisco Rabal, Michel Piccoli, Jean Sorel o el inolvidable cliente oriental Iska Kahn) en una serie de ingeniosas y extravagantes situaciones elevan la categoría de esta reflexión surrealista acerca de la represión sexual y los tabúes; que puede resultar un tanto fría y despegada (debido a la opción estética en referencia a la frialdad de la protagonista) pero que en ningún momento defraudará a los amantes de la ironía y las obsesiones del director de “Viridiana” (1961).

Séverine (Catherine Deneuve), una mujer aburrida de su matrimonio e incapaz de tener relaciones sexuales con su marido. Aquejada por diversas fantasías eróticas, Séverine comienza a trabajar en un prostíbulo por el que desfilará todo un plantel de extraños clientes que le pediran toda clase de perversiones.

Como en otras obras maestras del director como “El ángel exterminador” (1962) o “El discreto encanto de la burguesía” (1972), asistimos a otro ajuste de cuentas con las clases altas, con sus enfermizas y patológicas vidas acomodadas y aburridas (la prostitución aparece como una especie de superación de las cadenas burguesas); con los opresivos valores tradicionales que fomentan las apariencias y la medianía; y con instituciones que imponen sus cánones morales como la religión, fuente de tabúes y represión sexual como pocas. Pero “Belle de Jour” también es un entretenido catálogo de las filias, fobias y fabulaciones sexuales que habitan en la mente de Buñuel. Un peculiar retrato psicológico convertido en un ejercicio de estilo casi psicoanalítico que juega con los límites entre realidad y fantasía.

 

– Para coleccionistas de filias sexuales con trasfondo surrealista.

– Imprescindible para psicólogos interesados en la represión sexual.

 

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