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Luis García Berlanga - 1956 - 'Calabuch'Tras el éxito internacional de “Bienvenido Mr. Marshall” (1953), el director valenciano Luís García Berlanga (“Plácido”, 1961, “La escopeta nacional”, 1978, o “La vaquilla”, 1985) pudo ampliar sus fronteras cinematográficas con esta coproducción hispano-italiana para la que contó con la carismática presencia del oscarizado actor inglés Edmund Gwenn (el icónico Kris Kringle de “De ilusión también se vive”, 1947, de George Seaton) para vertebrar una festiva y amable comedia coral que esconde una crítica antibelicista a la energía atómica y una defensa de la vida y los placeres sencillos. Berlanga nos sumerge en un idílico pueblo mediterráneo (el film fue rodado en Peñíscola) con afán satírico y simbólico, recorriendo con cariño e ironía las costumbres españolas; creando una inolvidable fábula anarquista y vital en torno a romper las cadenas del ‘mundo moderno’ que nos impiden ser felices.

El prestigioso científico George Hamilton (Edmund Gwenn en su último papel en el cine) trabajaba investigando las posibilidades de la energía nuclear, pero decide huir y acaba en un pequeño pueblo costero llamado Calabuch. Mientras lo buscan, el se dedica a idear un cohete de fuegos artificiales con el que competir, en las fiestas patronales, con el del pueblo rival.

Berlanga utiliza un tono de costumbrismo mágico que rebosa humanismo y modestia; lo que contrasta con las maneras crudas y dramáticas del realismo italiano que tanta influencia tenía en el cine español de la época. Así, la propuesta del director de “El verdugo” (1963) se torna más accesible, asimilable a través de buenas intenciones; pero no por ello menos efectiva. “Calabuch” es una de esas joyas olvidadas del cine de la época franquista, que con inteligencia y sutileza supieron ocultar ideas contestatarias y renovadoras en una industria férreamente controlada por la censura; la demostración de que sin autores insobornables como Berlanga el cine habría perdido su motor. Con su última película (“París Tombuctú”, 1999), Berlanga revisitó crepuscularmente las intenciones existencialistas de este clásico del cine español.

 

– Para amantes de las comedias con mensaje implícito.

– Imprescindible para lo que aún tienen miedo del cine español clásico.

 

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