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Wim Wenders - 'El amigo americano'La consagración definitiva del alemán Wim Wenders (“Alicia en las ciudades”, 1974, “París, Texas”, 1984, o “El cielo sobre Berlín”, 1987) como uno de los grandes directores del panorama internacional vino en forma de relato negro sui generis (basado en una novela de Patricia Highsmith) en el que personaje al límite es contratado para llevar a cabo una misión para la que su condición lo hace idóneo. Rodado con la frialdad típica del cine germánico de la época, “El amigo americano” es un homenaje al cine americano de los 50 (con directores como Sam Fuller, Nicholas Ray o Jean Eustache ejerciendo de actores) pasado por el filtro del thriller existencialista más personal. Un puzzle que, como todo el buen cine negro, tiende al sinsentido conforme se unen las diversas piezas criminales, artísticas y psicológicas, protagonizado por un perfecto Bruno Ganz (futuro Hitler de “El hundimiento”, 2004, de Oliver Hirschbiegel) y un icónico Dennis Hopper (en sus años europeos).

Jonathan Zimmermann (Bruno Ganz) es un relojero de Hamburgo con un enfermedad que lo va a matar en poco tiempo. Un día conoce al vividor estadounidense Tom Ripley (Dennis Hopper), el cual se encuentra en la ciudad para vender cuadros de un pintor que ha fingido su propia muerte. Ripley habla con el mafioso Raoul Minot (Gérard Blain) para que Jonathan cometa un crimen. Jonathan acepta para poder dejar dinero a su familia.

El interés de Wim Wenders por los relatos criminales de Patricia Highsmith, por sus complejos retratos psicológicos, su retorcido sentido de la ironía y su macabra visión de las relaciones personales; llevó al director alemán a entrevistarse con la escritora, la cual le ofreció una novela aún sin publicar (todas sus novelas tenían ya los derechos comprados): “El juego de Ripley”, 1974. Con esta historia, Wenders construyó uno de sus habituales ejercicios de estilo, contemplativo y siniestro, profundamente existencialista y cautivadoramente cinéfilo; un hito del nuevo cine alemán de los 70 que lanzó al director a una no siempre estimulante carrera americana.

 

– Para buscadores de delicias de festival de cine.

– Imprescindible para comprender la pasión de Wenders por el cine americano.

 

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