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Eloy de la Iglesia - 1983 - 'El Pico'En los últimos compases de su polémica carrera (que cerró tardíamente con la apreciable “Los novios búlgaros”, 2003), el realizador guipuzcuano Eloy de la Iglesia (“El techo de cristal”, 1971, “Colegas”, 1982, o “La estanquera de Vallecas”, 1987) consiguió su mayor éxito de taquilla con este icono popular ochentero del cine español. “El Pico” es descendiente del ‘cine quinqui’, pero de la Iglesia recarga la historia con los grandes problemas de la España de los 80 (que vienen a ser los mismos que ahora): la droga, la delincuencia, los nacionalismos y la corrupción política. Eloy de la Iglesia da una valiente lección de cine independiente a ritmo trepidante sumergiéndonos en un submundo plagado de camellos con bebés ‘enganchados’, prostitutas de buen corazón y jóvenes que viven deprisa y dejan un bonito cadáver. Atrevido y controvertido, el film cubre sus pocos medios económicos con un realismo sucio en el que los ‘malos’ son esos adultos hipócritas atados a las convenciones sociales.

La película cuenta la amistad, ambientada en Bilbao, entre Paco (Jose Luis Manzano), el hijo de un guardia civil, y Urko (Javier García), el hijo de un dirigente abertxale; ambos heroinómanos. Los jóvenes, huidos de sus casas, viven su particular descenso a los infiernos mientras sus padres tienen que ponerse de acuerdo para encontrarlos.

Tal vez el guión (coescrito por de la Iglesia junto a su colaborador habitual Gonzalo Goicoechea) no sea excesivamente coherente, la realización esté repleta de efectismos y las interpretaciones no sean muy metódicas. Pero “El Pico” supo como pocas conjugar a la perfección el sensacionalismo y el morbo que el público de la época quería ver en un film de delincuentes juveniles; con la crítica, el inconformismo y el espíritu provocativo que siempre esgrimió en su cine; además de ser una de las mejores muestras de ese realismo social (actores no profesionales, historias a pie de calle, …) que inundó las pantallas españolas a principios de los 80. La inevitable pero divertida secuela (“El Pico 2”, 1984) echaba más leña al fuego.

 

– Para los que quieran recordar la plaga de la heroína en los 80.

– Imprescindible para recuperar a uno de los directores más infravalorados del cine Español.

 

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