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Clint Eastwood - 1986 - 'El Sargento de Hierro'Tras “Aventurero de Medianoche” (1982) y “El Jinete Pálido” (1985), cada vez más reconocido como ‘autor’ cinematográfico (aunque aún faltaban 6 años para “Sin Perdón”), Clint Eastwood cogió un guión tirando a vulgar y tópico (del especialista en cine bélico de segunda James Carabatsos) y lo convirtió en un autentico festín de testosterona y frases demoledoras en el que lo de menos es el aspecto bélico. “El Sargento de Hierro” es una delicia mal hablada, e impregnada de un negro sentido del humor, sobre el lugar de los viejos dinosaurios en el mundo moderno; sabe extraer de los estereotipos más chabacanos toda una imaginería psicológica, satírica, bélica y humorística que te pega a la pantalla durante todo el metraje; y deja para la posteridad otro de esos impresionantes personajes con aspecto rudo y un corazoncito en el fondo, que tan bien se le han dado a Eastwood.

El Sargento Highway (Clint Eastwood) es una vieja gloria del ejército, Medalla de Honor, veterano de Vietnam y Corea, que tendrá que instruir a un pelotón de marines compuesto de vagos e indisciplinados; además de tener que vérselas con su superior (Everett McGill), un arrogante Major mucho más joven que él.

La ambigüedad moral y temática del film, unida a su defensa de ciertos valores tradicionales opuestos a la soberbia y la frialdad de las instituciones modernas, hacen de “El Sargento de Hierro” un foco de controversia. Pero la verdad es que poco importa si es una sórdida apología crepuscular de la vida militar; o si es una crítica de la hipocresía y la impersonalización del ejército (y de la guerra) moderno; o si es una comedia amarga que funciona como reverso tenebroso de “Loca academia de policía” (Hugh Wilson, 1984); o si es un ejercicio de nostalgia en torno a un romance otoñal; si es cine reaccionario a manos de un defensor de la tradición o una obra menor pero apreciable de un genio del cine. Lo cierto es que es una película altamente recomendable, bien interpretada (con buenos secundarios como Marsha Mason o Mario Van Peebles), verborréica, entrañable y divertida, que te permite pensar por ti mismo.

 

– Para cinéfilos con sentido del humor que sepan leer entre líneas.

– Imprescindible para estudiosos de la carrera de un gran clásico de Hollywood.

 

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