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+ Las mejores películas alemanas de la historia (2.0) (27)Pasado más de un lustro del reconocimiento obtenido en festivales de prestigio como Berlín o Valladolid con la irónica comedia amarga “La vida en obras” (1997), el realizador alemán Wolfgang Becker volvió a lograr el beneplácito de crítica y público con esta humanista y divertida (pero oscura) comedia político-social repleta de situaciones emocionantes. Becker (que también participó en el guión) saca buen partido a una atractiva premisa que permite reflexionar a diversos niveles (las mentiras que nos decimos a nosotros mismos para sentirnos mejor, los valores que rigen nuestras vidas, las convenciones sociales que nos condicionan o la relación madre-hijo) a la vez que propicia un humor inteligente y accesible que surge de una serie de dicotomías en torno a las diferencias entre el capitalismo y el comunismo, la Europa occidental y la oriental, entre la ideología y lo material, lo antiguo y lo moderno.

En el Berlín Oeste anterior a la unificación alemana, Christiane (Katrin Saß) sufre el abandono de su marido, que decide irse al lado no comunista. Tras esto, Christiane radicaliza su defensa del Partido Socialista Alemán y de Erich Honecker. Pero un día, cuando descubre que su hijo (Daniel Brühl) participa en una manifestación contraria al régimen, entra en un coma del que no despertará hasta después de la caída del muro.

Divertido acercamiento a la historia europea reciente con suficiente profundidad temática y detalles de interés cinéfilos y sociales como para convertirla en una pieza fundamental del cine europeo del siglo XXI. Tenemos el descubrimiento del joven hispano-alemán Daniel Brühl (cuya labor interpretativa no parece tener límites genéricos ni fronteras geográficas); la banda sonora de Yann Tiersen, que sigue la estela de su gran éxito (“Amélie”, 2001, de Jean-Pierre Jeunet); y una infinidad de guiños cinéfilos muy variados que van de “Matrix” a Kieslowski, de “El corazón del ángel” (o “Ascensor al cadalso”) a Stanley Kubrick, de “El acorazado Potemkin” al Billy Wilder de aquella otra joya del humor político de la guerra fría que fue “Uno, dos, tres” (1961).

 

– Para amantes de las comedias agridulces con trasfondo político.

– Imprescindible para los coleccionistas de hitos del cine europeo moderno.

 

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